26.12.07

Lluvias con Velas

Extraño mucho las lluvias de Diciembre y el olor de la tierra mojada el día de la navidad, quizás tiendo a romantizar mucho mi niñez, o los recuerdos que tengo del lugar donde crecí, es muy posible. Pero la verdad no me importa hacerlo, fue un lugar maravilloso. Yo no crecí en la ciudad, mi casa estaba más bien en las afueras de Cochabamba, y cuando era niño la zona todavía estaba poblada por maizales y acequias, y parajes de sauces y molles, y mujeres lavando ropa en las acequias, con muchos perros alrededor, y sus hijos jugando a los trompos o a las canicas, o cachinas como les decimos en criollo. No muy lejos de mi casa se hallaba el río Rocha, donde muchos domingos después de misa, entre primos y hermanos terminábamos destruyendo nuestras mejores pilchas domingueras.


Ciertamente no era el campo, porque estábamos a 15 minutos del centro de Cochabamba, pero cuando era niño, todavía era campo. El viento muchas veces levantaba nubes de polvo y lo ensuciaba todo, los eucaliptos se torcían y acariciaban con sus copas las calles, o lo que era en el proyecto de la alcaldía una calle y más bien era un sendero. De niño imaginaba que los eucaliptos eran gigantes, que habían sido castigados por alguna falta que cometieron, o porque desobedecieron a los dioses, y que por el resto de la historia estaban destinados a torcerse con el viento, pidiendo perdón por sus pecados, arrastrándose, gimiéndole al viento. Y es que el sonido de las ramas de los eucaliptos al ser golpeadas por el viento, parecía un llanto de desesperación. Me causaba mucho miedo pensar que los gigantes podían ser arrancados de su prisión, y lanzados hacia las casas de los vecinos, y peor aun ser lanzados a mi propia casa.




Algunas veces la luz se cortaba. Con prontitud encendíamos velas, y nos reuníamos todos en la habitación de mi abuela, donde mis abuelos nos compartían muchas historias, cosas de la guerra del chaco, de la revolución del 52, de las migraciones internas, y de su vida en Santa Cruz. A la luz de las velas, nuestras voces automáticamente se tornaban lúgubres y misteriosas, hablábamos como si nos contáramos secretos, como si la noche no acabaría nunca… siento que esos momentos fueron muy valiosos en mi vida, una sencillez muy grande, estar así sentados todos alrededor de mis abuelos, escuchando historias que habíamos escuchado una y mil veces, pero que sin embargo todos disfrutábamos como si fuese la primera vez que las escuchásemos.


Recuerdo una historia que nos contaba mi abuelo, una historia que siempre producía en mí un severo estremecimiento y nunca me dejaba dormir. Cuando era niño él vivió en la mina de Pulacayo, en Potosí. Tenía un grupo de amigos con los que creció, prácticamente desde que aprendió a caminar, y que fueron entrañables amigos suyos hasta que los separo la muerte. El relato va más o menos así... Una noche de invierno del año 1940, en la cancha de fútbol del club social de Pulacayo se hallaba reunido un grupo de niños, el mayor no pasaba de los trece años. Para las 10 de la noche ya casi todos se habían ido a sus casas, y sólo quedaban 5 de ellos, entre los cuales se hallaba mi abuelo. Empezaron a contarse historias de terror, de cholas sin cabeza y k’arisiris, y otros mitos. De pronto uno de ellos desafió al resto, queriendo ver quien se sentía más hombrecito, los reto a visitar el cementerio, se hizo la burla del resto, acusándolos de cobardes, de niños mimados, de asustadizos. Sin embargo tres de ellos aceptaron el reto, y sólo uno retorno a su casa.




Era para mi extremadamente escalofriante, imaginarme a cuatro niños visitando el cementerio de algún campo minero, de noche y en pleno invierno. Todavía siento cierto miedo cuando lo imagino. Según mi abuelo, los muchachos saltaron la barda del cementerio y se dispusieron a jugar fútbol entre las tumbas, de pronto cuando uno de ellos, el retador, se alejo un poco para recoger la pelota, cayo en un foso relativamente grande. Extrañamente no empezó a gritar, ni empezó a llorar, no se desespero, ni exigió que una mano amiga le ayude a salir del agujero. Lo que hizo, fue totalmente inesperado, empezó a hablar eufóricamente y a jugar fútbol con un cráneo, y también con otros huesos que allí se hallaban. Los otros niños asustados por la forma de expresarse de su compañero, sólo atinaron a correr a sus casas. Y aunque estaban arrepentidos, no volvieron al cementerio a recoger a su amigo.


Al día siguiente tocaron la puerta de la casa de mi abuelo, era el padre del muchacho que dejaron abandonado en el cementerio, que desesperado corría a pedirle ayuda a mi bisabuelo, aparentemente el niño estuvo gritando toda la noche, eufórico y atolondrado. Según el vecino, los ojos del niño no pudieron cerrarse en toda la noche, hablaba de calaveras, y fantasmas, y espíritus y almas entrándosele al cuerpo, golpeándole, escupiéndole, gritándole con voces espeluznantes y agudas que no le permitían siquiera escucharse a sí mismo. Mi abuelo totalmente arrepentido les contó a los adultos lo que estuvieron haciendo el y sus amigos la noche anterior en el cementerio. Afortunadamente después de unos días el muchacho se recupero, pero no volvió a jugar fútbol nunca más. Mi abuelo y los otros niños tuvieron que ir a rezar al cementerio todos los domingos por el resto del año, y seguramente recibieron una memorable paliza.



Esas historias a la luz de las velas son una de las cosas que más extraño. Además de las acequias, los molles, los maizales, y los eucaliptos. Lastimosamente el lugar donde crecí, ahora solo existe en mis recuerdos, porque el cemento lo ha invadido todo. De las acequias no queda ni el canal. Y los gigantes que tanto temía, han sido casi todos arrancados, no por el viento, sino por el progreso, que no sabe de gigantes. Y el río… pues se seco. Todo eso termino, se ha ido, o mejor dicho, lo hemos desterrado. Después de todo, queremos ser modernos, y que las historias de mi abuelo, queden sólo en eso, historias…

Mientras… yo seguiré recordándolos a todos… en especial a él, que este año se ha ido, y sólo ha dejado en mí, sus ojos y su sonrisa, enmarcados en las lluvias de Diciembre y en el olor de la tierra mojada.


P.D. Joup, este va en respuesta a tu meme.

7 comentarios:

hermany dijo...

De relatos largos, e historias cortas, como quien dice vives tu utopia.

Felices fiestas y un 2008 de esos que dejan mejores recuerdos.

Warmicita dijo...

Qué rico relato. Esas historias son algo que extraño mucho también. Cuando la abuela Tomasa contaba sus azañas tan suyas.
Abrazos y felices fiestas!

Mauricio dijo...

No soy bueno para esos juegos o historias de terror. De hecho por ver una película de niño todavía tengo algunos traumas jeje. En fin, sería imposible vivir sin historia y recuerdos.

Saludos y felices fiestas.

La Vero Vero dijo...

Querido amigo:

Tras tu emotivo relato, se me vino a la mente un poema de mi amigo Iros. Va para tí y tus nostalgias. Súmale un abrazo-sonrisa.

Tristitia XXI (Iros)

Mi infancia no fue dulce
ni serena
ni triste
ni sola

Mi infancia no fue
porque no hubo

Parece que siempre fui el
mismo flaco calvo
al que se le pasa el tiempo

No recuerdo
las calles de los campeonatos de trompo

No recuerdo el parque
ni los días de propina

No hay melancolía
pues la melancolía supone
la memoria que hoy no tengo
y que nunca tuve

No hay mares
ni viejas campanas
que retumben las tardes
que debería contar.

Mi infancia
es ahora la fantasía que viste
el camino en pos de la suerte
de todos los domingos

He crecido
sin ser jamás el niño del barrio

recién empiezo a serlo.

LOCA!!.. como tu madre dijo...

Me encanta la nostalgia de la infancia, sobre tu abuelo...no te preocupes, ahora su historia también quedará en nuestra mente.
Besos Utópico.

boris miranda dijo...

Mucha memoria amigo. Que lindo relato para cerrar el año con cariño.
Un gusto conocerte, así sea posteando/comentando. El 2008 tendremos renovadas energías para seguir alimentando esta comunidad.
Un abrazo.

utópico dijo...

Hermany: gracias por la visita... de relatos estan tejidas nuestras vidas...
saludos!

warmicita: Algun dia relatanos las azañas de tu abuela, estoy seguro son fascinantes!
felices fiestas!

mauricio: jajaja, yo tambien, es mas por una todavia le tengo miedo a los payasos!! mira vos... saludos, y suerte este proximo año!

vero: muchas gracias!! me hizo mucho bien leerlo... suerte en todo este nuevo año!! besos y abrazos!

LCTM: gracias por guardar el recuerdo, :-) besos!!!

boris: el gusto fue mio, y si, este nuevo año le entraremos con fuerza a esta comunidad... no se porque siento que este sera un gran año!!
saludos!! y pasala bien !!!