24.2.08

Si Pudiera Decirte Todo, Diría Nada...

Si mis ojos pudieran decirte todo lo que sienten cuando escuchan tus palabras, probablemente te lo dirían con parpadeos, se cerrarían tres veces por un lapso de dos segundos, para besarte en silencio. Y se abrirían rápido, para decirte, bienvenida, te he extrañado, he muerto mil veces cada segundo esperando encontrar de nuevo la seguridad que sólo tus ojos me saben dar. Mientras duermo, mis ojos se quedarían contigo, prendados de tu boca, y como niños se acurrucarían en tu ombligo, abrazados a tu vientre, y al instante brincarían ansiosos, y jugarían a las escondidas en las colinas de tus senos. Y mientras vos duermes se quedarían atados a tu espalda, escalándote, buscando esa meta candorosa que es tu cuello, para luego resbalar por el tobogán de tus curvas, inundándose de tu sudor divino.

Pero mis ojos, miran tristes la noche, y en este instante no te encuentran cerca, y hundidos en su abismo solitario gritan silenciosos, y se estrellan contra la nieve que lo cubre todo… y suspiran mientras recuerdan que estarán un día enjuagando con sus lágrimas las noches en que en tus sueños, lloras.




Si mis manos pudieran decirte algo, te dirían con caricias que, durante esta breve agonía llamada vida, se han esmerado en amasar arcilla todos los días, con la sola idea de regalarte flores de barro, tan llenas de vida, que nunca podrán morir. También han aprendido de los menesteres del buen carpintero, con la intención de construirte una cama de tulipanes rojos, muy amplía y cómoda, en la cual dispongan, traviesas, de tu cuerpo. Y en las noches de luna, estén saltando por la rayuela de tu figura, y aunque tarden en hallar la ruta adecuada, lleguen y te lleven al cielo. Si mis dedos pudieran tocar tus manos, recorrerían las líneas de tus palmas cual viajeros sedientos, esperando que los humedezcas con tu sudor, calmando así la necesidad de empaparse de ti que los calcina.

Pero mis manos magulladas y temblorosas, no atinan a tocar tu pelo ausente, ni a dibujar presurosas los contornos de tus labios, grabando de algún modo, el aroma que tú emanas, en las yemas de mis dedos. Y sigilosas te buscan, abriendo ventanas, levantando piedras, recogiendo arcilla y moldeando madera… más tu cuerpo no está cerca, y desesperadas, mis manos acongojadas, se abrazan a mi almohada, y se prometen a si mismas atarse un día a tu cintura, donde saben con certeza que podrán sentarse y abrazarte, y sabrán llenarte de secretos y caricias, y cuando las estrellas lo precisen podrán sacar las espinas de tu cuerpo y recorriéndote entera desaparecerán en los remolinos de tu piel.




Si mis labios pudieran decirte algo, te dirían que han reinventado la química y el código Morse, para que con besos en tus muslos, puedan decirte todo aquello que siempre has querido saber, que hay alguien dispuesto a explorar con vos los extremos más recónditos del universo que llevas dentro. Con mi lengua miedosa, recorrería uno a uno los poros de tu alma, acarreándote suspiros de placer en todas las guaridas de tu invisible geografía. Mudos como son, te dirían que han tratado de aprender de las artes ocultas, que han consultado a pitonisas, adivinos, yatiris, brujos, esfinges, profetas, y astrólogos, más todo fue vano, ninguno de aquellos sabios del omnisciente conocimiento futuro, pudo darles descripción tuya alguna, ni tan siquiera una coordenada, para saber donde encontrarte. Sólo mis labios torpes, sólo mis labios rotos, sólo mis labios tontos… sabrán reconocer en tu espuma la fuente de la vida, sólo mi lengua indecisa navegara dichosa en los ríos de tus misteriosas cavernas, buscando tu calor en las noches de llovizna.

Pero mis labios partidos, se retuercen, y tu ausencia crea grietas que invadiéndolos, los resquebraja, los tortura, los desnuda y abandona en el invierno polar en que habitan. Y atormentados por la distancia, sólo atinan a morderse a si mismos, a recibir del viento las técnicas del buen sastre, para aprender a remendar en vos, todas las heridas de la desilusión, quitando con besos todas las cicatrices que aún marcan tu corazón, y con mi lengua absurda zurcir con saliva y miel todos los hoyos que ha cavado en vos la soledad.




Si yo pudiera decirte algo, te diría que soy pésimo diciendo lo que siento, que no sirvo para describir lo indescriptible. Te diría que los tsunamis que causas en mi, me dejan tan arrebatado, que me es imposible coordinar palabra alguna, y en vez de decir ‘te quiero’ te doy la hora o las buenas noches. Te diría que tu presencia ha invadido mi realidad diáfana y también mis sueños bifurcados, que estoy despierto de noche cuando abandono la realidad y al cerrar mis ojos estoy con vos, y estoy dormido de día cuando sueño con que llegue la noche para estar con vos. Te diría que mis charlas ya no son las mismas, que mezclo las noticias, que de alguna manera me habitas cuando hablo sobre la renuncia de Fidel y los desmadres del calentamiento global. Te diría también que sólo mis ojos, mis manos y mis labios, podrán decirte todo a su manera, y que todo lo que yo pueda decirte, es muy poco, es tan sólo un garabato.

Ante la imposibilidad de poder decirte algo… te regalo un poema, de alguien que realmente supo escribirlos.





Soneto XLV

(Pablo Neruda)



No estés lejos de mí un solo día, porque cómo,
porque, no sé decirlo, es largo el día,
y te estaré esperando como en las estaciones
cuando en alguna parte se durmieron los trenes.



No te vayas por una hora porque entonces
en esa hora se juntan las gotas del desvelo
y tal vez todo el humo que anda buscando casa
venga a matar aún mi corazón perdido.



Ay que no se quebrante tu silueta en la arena,
ay que no vuelen tus párpados en la ausencia:
no te vayas por un minuto, bien amada,



porque en ese minuto te habrás ido tan lejos

que yo cruzaré toda la tierra preguntando

si volverás o si me dejarás muriendo.

2 comentarios:

Utopía dijo...

En cambio, yo, ensayo silencios que ni siquiera dicen nada. Para explicarte como me salvas y me vas habitando.

utópico dijo...

el objetivo mas grande, sin lugar a dudas es convertirme en un habitante de la utopía...

dame tus coordenadas... lanzame un mapa... un mensaje en una botella... lo que sea...
y te estaré persiguiendo... como siempre lo he hecho...

hasta alcanzarte, y habitarte... y vivir en vos... utopía mía..... dímelo todo en silencio... que sabre descifrar tus mensajes... con mi maquinita descifradora, modelo 82.

un beso!