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13.4.08

La Noche - Jaime Saenz

Jaime Saenz tiene poemas interesantes. Este es uno. Disfrútenlo, lo recogí de la antología poética Recorrer Esta Distancia que me regalo la Vero Vero, en este poema se explora la muerte y la noche, lo finito, lo mundano, el ser… en fin.


IV. La Noche


1


Extrañamente la noche en la ciudad, la noche doméstica, la noche oscura:


la noche que se cierne sobre el mundo: la noche que se duerme y que se sueña, y que se muere; la noche que se mira,


no tiene que ver con la noche.


Pues la noche sólo da en la realidad verdadera, y no todos lo perciben.


Es un relámpago providencial que te sacude, y que, en el instante preciso, te señala un espacio en el mundo:


un espacio, uno solo;


para habitar, para estar, para morir -y tal espacio de tu cuerpo.


2


Pues existe un mandato, que tú deberías cumplir,


en homenaje a la realidad de la noche, que es la tuya propia;


aun a costa de renunciamientos imposibles, y de interminables tormentos,


deberás decir adiós y recogerte al espacio de tu cuerpo.


Y deberás hacerlo sin importar el escarnio y la condena de un mundo amable y sensato.


Es de advertir que miles de miles de mortales se recogen tranquilamente al espacio de sus respectivos cuerpos,


día tras día y quieras que no, al toque de rutilantes trompetas, y en medio de lágrimas y lamentos;


pues en realidad recogerse al espacio del cuerpo es morir.


Pero aquí no se trata de morir.


Aquí se trata de cumplir el mandato; y por idéntica razón, habrá que vivir.


Y tan es así, que no se podrá cumplir el mandato, sino a condición de recogerse al espacio del cuerpo, con el deliberado propósito de vivir.


Lo cierto es que aquel que acomete tan alta aventura no hace otra cosa que ocultarse de la muerte,


para vislumbrar así la manera de ser de la muerte.


4.


¿Qué es la noche? – uno se pregunta hoy y siempre.


La noche, es una revelación no revelada.


Acaso un muerto poderoso y tenaz,


quizá un cuerpo perdido en la propia noche.


En realidad, una hondura, un espacio inimaginable.


Una entidad tenebrosa y sutil, tal vez parecida al cuerpo que te habita,


y que sin duda oculta muchas claves de la noche.


* * *


Cuando pienso en el misterio de la noche, imagino el misterio de tu cuerpo,


que es sólo una manera de ser de la noche;


yo sé de verdad que el cuerpo que te habita no es sino la oscuridad de tu cuerpo;


y tal oscuridad se difunde bajo el signo de la noche.


En las infinitas concavidades de tu cuerpo, existen infinitos reinos de oscuridad;


y esto es algo que llama a la meditación.


Este cuerpo, cerrado, secreto y prohibido; este cuerpo, ajeno y temible,


y jamás adivinado, ni presentido.


Y es como un resplandor, o como una sombra:


sólo se deja sentir desde lejos o en lo recóndito, y con una soledad excesiva, que no te pertenece a ti.


Y sólo se deja sentir con un pálpito, con una temperatura, y con un dolor que no te pertenece a ti.


Si algo me sobrecoge, es la imagen que me imagina, en la distancia;


se escucha una respiración en mis adentros. El cuerpo respira en mis adentros.


La oscuridad me preocupa –la noche del cuerpo me preocupa.


El cuerpo de la noche y la muerte del cuerpo, son cosas que me preocupan.


* * *


Y yo me pregunto:


¿Qué es tu cuerpo? Yo no sé si te has preguntado alguna vez qué es tu cuerpo.


Es un trance grave y difícil.


Yo me he acercado una vez a mi cuerpo;


y habiendo comprendido que jamás lo había visto, aunque lo llevaba a cuestas,


le he preguntado quién era;


y una voz, en el silencio, me ha dicho:


Yo soy el cuerpo que te habita, y estoy aquí, en las oscuridades, y te duelo, y te vivo, y te muero.


Pero no soy tu cuerpo. Yo soy la noche.

6.2.08

Llueve Mucho y Divago con Saenz...

No le digas que la quiero

en un rincón del olvido,

no le digas que la espero...





Haga usted la prueba de mirarse la cara a la luz de la luna, frente a un espejo; pregúntese qué es el silencio, dónde, en qué sitio del silencio se halla su cara y por qué; y con esto, cosas tales como el mundo, el tiempo, la vida, asumirán formas por las cuales dejará de ser una realidad lo que verdaderamente lo es. Créame: es posible presenciar el silencio frente a un espejo; el tiempo fluye del silencio; mírese a la cara; busque usted la manera de explicarse eso que se llama la música. Yo hice un viaje hacia el silencio. Escuché y presencie el silencio en la imagen del júbilo y la locura. Esto ocurrió por la música, con unos instrumentos graves, yo no sé cómo. En pleno día, el gesto de una joven me hizo asustar. Esta joven era loca; tenía un traje de color morado, estaba feliz. De repente dio un salto y bailó en los aires; estaba a punto de caer, fulminada por la luz en su traje, y se perdió en el silencio. ¡La música se metió dentro de su cuerpo! Allí permaneció oculta y reapareció al mismo tiempo que la loca, cuando el encanto del silencio quedó roto por el soplo de los instrumentos, que sustentaban este silencio. Cualquiera de nosotros, en cualquier momento, puede desaparecer del mundo sin dejar rastro. El silencio puede tragarnos y borrar nuestra imagen. Y tal ocurrió con aquella joven que desapareció ante mis ojos, cuando en ese momento yo pensé en mí con mucha pena, y supe el destino del hombre, y sentí una gran extrañeza ante mi presencia en el mundo, pues yo estaba en él solamente como un peregrino. Cuando se disipó esta visión mágica, la revelación había adquirido toda su plenitud, y todo volvió a ser visible, y el silencio me devolvió a la vida cuando yo miraba el mundo con infinito asombro, como si solamente en ese momento lo hubiese conocido, y como si todo esto sólo hubiese sido posible por una música que yo escuchaba en ese momento.



En la bodega, la tumba es un medio y al mismo tiempo un fin. Entre la tumba y la muerte existe la misma diferencia que puede existir entre la lluvia y un arriba y abajo. La vida y la muerte llegan a descifrarse en los confines de la bodega, donde yace alguna cosa en el polvo del olvido, bajo el signo de la tumba; allí puede saberse muchas cosas y explicarse por qué pueden perderse las cosas sin haber existido jamás. La tumba contiene los rastros de la vida y la muerte, ya lo dije; es el cuerpo que reposa, la materia que construye; es el árbol en que se esconde el árbol. Allá, a un paso de la tumba, se yergue la bodega sobre unos cimientos inconmovibles, alumbrada por una luz que se difunde y se identifica con las tinieblas. Es un recinto secreto. Es una cripta, donde son todos magos que ofician graves ejercicios, y empero ignoran que lo son. Con la esperanza sin esperanza, allá se inician los hombres en el conocimiento de la tumba para llegar a ser. Y cada minuto, día tras día, se trabaja y se sufre, se construye y se destruye. Con la destrucción se construye, y lo que se ha construido sirve para destruir y otra vez para construir. Y así, sin cansancio se persigue un hallazgo, se busca el modo de cerrar el círculo para llegar a ser. Y con los ejercicios, ¿qué se consigue? Conocer que la búsqueda había sido el verdadero hallazgo, y entrar en el camino de ser: es eso lo que se consigue.






Ahora, con mucha alegría, le comunico mi determinación de retornar cuanto antes a mi patria. En realidad, cada cual deberá vivir y morir en su respectiva patria. Sólo la patria es propicia. Por mi parte, declaro lo siguiente: en mi patria (y hablo de las montañas, de la altura y de las almas), en mi patria y tan sólo en ella, yo podré encontrar el clima propicio para la realización de las tareas en procura de ser.


Y ahora sí que cierro mi carta.


-Felipe Delgado.




Sólo quiero acotar… algo que siempre he sentido, pero no tenía una forma de describirlo. Hace poco alguien lo expreso de una manera tan sencilla y profunda, que decidí hacerme con la frase. Yo llevo mis raíces en maceta. Y aunque es muy lindo lo que dice Saenz, difiero en lo de la patria. Creo que la patria… uno la lleva consigo siempre, en ese cajoncito de recuerdos, ese retazo de vida y fotografías del alma, ese fascinante deseo que uno siente por conocerse mundo sabiéndose país. Concuerdo con lo de las montañas, y las almas que pueblan mis valles, para otros seguro será la altura… para otros será el monte. Llueve mucho afuera. El olor de la tierra mojada, es diferente, sin embargo la lluvia me empuja, o más bien me lanza en unos arrebatos silenciosos, muy bien expresados por Saenz. Llueve mucho afuera. Y esa cueca… sugiere lejanía, nostalgia y mucha tristeza. No estoy triste. Reí mucho hoy. Eche un par de carcajadas tan fuertes que me puse chinito y de tanta risa lagrime. Lo había prometido.

Llueve mucho afuera… y bueno… yo en mi habitación, buscándome en el espejo que no tengo. Escuchando silenciosos sonidos que encuentro a ratos armónicos... y a ratos estridentes.... sumamente insoportables. Me hallo dibujando bodegas, recorriendo distancias, presenciando ausencias, discutiendo sinsentidos…llueve mucho….