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16.6.09

Zoetrope: All-Story: The Latin American Issue

La última edición de la revista literaria Zoetrope está dedicada a nuevos autores latinoamericanos. Editada por Diego Trelles Paz y Daniel Alarcón, nuevos autores peruanos, aunque viven en Estados Unidos, y Daniel escribe casi exclusivamente en inglés. También cuenta con un invitado de diseño de lujo, Guillermo del Toro.



Me llamo la atención que un boliviano, Rodrigo Hasbún, tenga un cuento en esta antología, Familia. Que por cierto es uno de los mejores cuentos de la colección. Un deambular amorfo y sin rumbo en el desandar de un hombre adulto y su hija, una mirada más bien melancólica y absurda, introspectiva, ausente, y sobretodo circular. Hay otros cuentos que me gustaron mucho, no todos son buenos. Me gustaría leer más cosas de Hasbún, pero como siempre, conseguir cosas de Bolivia, es complejo, pero al parecer pronto estará publicando una novela en Alfaguara, El Lugar del Cuerpo.

Creo que algunos autores merecen especial mención, y además pienso seguirles el paso. Carolina Sanín, colombiana, (¿Por qué será que las Carolinas tienen tan buena imaginación?), su cuento La Hija del Revisor me recordó a Cortázar en La Autopista del Sur, un cuento fabuloso, sobre estaciones y círculos, viajes, y muchas ventanas. Sin duda su prosa no es forzada, hay otros autores en esta antología que se forzaron un poco, Carolina, es más bien original, y encuentra su propia voz.

Ronaldo Menéndez, con Menú Insular, un escritor cubano, que ofrece una fotografía bastante alegórica de la Cuba de principios de los 90, ¿o quizás también de la actual? ¿o quizás, Cuba siempre es así?, el humor de Ronaldo es crudo, aunque también puede estar hablando de muchas otras cosas. El hambre es siempre un artificio metafórico muy fuerte. 'Vi mi boca y mis tripas, vi tu boca llena, y sentí vértigo y lloré, porqué mis ojos habían visto ese referente secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los isleños, pero que ningún isleño desde hace largo tiempo ha visto: el increíble Menú Insular.'



La uruguaya Inés Bortagaray, pese a presentar el cuento más corto de la colección, A la Mesa, ofrece mucho. Quisquillosa, traviesa, cómplice, sensata, honesta, todas, son cualidades del cuento, en un dos por tres te quieres meter bajo la mesa, y ser otra vez niño, atarle los cordones de los zapatos a tus tíos, morderle la pierna a alguna prima odiosa, en sí, te provoca unas ganas locas de salir al parque, y eso, no muchos cuentos pueden lograr, al menos no en tan pocas palabras.

Los cuentos del argentino Patricio Pron, La Cosecha, y del chileno Alejandro Zambra, Fantasía. Son, a mi parecer, los mejores de esta antología. En La Cosecha, penetramos geografías, enfermedades, marginalidad, desesperación, desilusión, desencanto, tragedia, todo, en una serie de fotografías literarias muy bien realizadas. Alejandro Zambra, escribe sobre un tema muy poco explorado en la literatura latinoamericana, la homosexualidad, la aventura y la cuajada rutina son los otros lados de una aventura más bien jovial y liberada, esa rutina que siempre lo invade todo, y que puede victimar los sueños.

Slavko Zupcic, un psiquiatra y escritor, nos ofrece Asamblea los Martes. Imagino que ser psiquiatra, y tener amor por las letras son un combo que raya en lo alucinante, Antonio Lobo Antunes es el mejor ejemplo de esta afirmación que hago, el cuento de este venezolano me dejo bastante impresionado, las imágenes son muy vivas, y creo que el narrador es en realidad un ezquisofrenico, y sigo pensando en ello.

Los dibujos, son de Guillermo del Toro.



17.5.09

Mario Benedetti: Que en paz descanses!!


por eso cuando vuelva
y algún día será
a mis tierras mis gentes y mi cielo
ojaló que el ladrillo que a puro riesgo traje
para mostrar al mundo cómo era mi casa
dure como mis duras devociones
a mis patrias suplentes compañeras
viva como un pedazo de mi vida
quede como un ladrillo en otra casa.
(Mario Benedetti)




22. Mucho más grav...


Este blog está oficialmente de luto. Hoy, 17 de Mayo del 2009, ha muerto Mario Benedetti. Grande entre los más grandes. El que supo entender(nos) y describir(nos) completamente. Certeramente. Letalmente.

Se ha ido uno de los grandes poetas de América. Decirle que su ladrillo se ha quedado conmigo, que sus patrias son las mias, que su Juan Angel, es mio también. Que de él he aprendido que no siempre hare lo que quiero, pero que tengo derecho a no hacer lo que no quiero.

Son macanas que los hombres no lloran. Por ti Mario, por ti! Lloramos todos. Lloraremos, pero nunca te olvidaremos.



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10.5.09

Edmundo Paz Soldán

Edmundo Paz Soldán, es sin dudas, uno de los mejores escritores bolivianos, sino el mejor. Lo he seguido desde un primer cuento "Romeo Y Julieta" que encontré en La Revista, un suplemento muy bien logrado del periódico Los Tiempos de mediados de los 90, que fue suplantado por la irrelevante revista Oh! En aquel cuento, trágico, un par de adolescentes enamorados juran amarse eternamente, y deciden suicidarse en dueto, y luego de él, cortarse las venas con un cuchillo, ella se levanta y se va, y lo deja ahí muriendo de amor eterno. El cuento me dejo muy impresionado, yo tenía sólo 15 o 16 años, particularmente porque ya en ese entonces empecé a notar que la literatura boliviana, al menos la que te meten en la escuela, es bastante anticuada, y en muchos casos mala… rayando en el extremo de lo folklórico y nacionalista. Lastimosamente mi abuela no creyó lo mismo, y a nadie en mi casa se le ocurrió comprarme los libros de Edmundo, y me quede con el cuento, recortado y pegado en una especie de álbum-colección que tenía de artículos del periódico que me gustaban mucho.

Años más tarde, el 2001, me vine a vivir a Estados Unidos, y créanme, en ese entonces encontrar literatura en español era relativamente difícil, encontrar libros de autores bolivianos en internet… simplemente impensable. Fue así, que en un paseo por Cambridge, encontré la librería Schoenhof's, la única en el área de Boston que se especializa en libros en otras lenguas que no sean el inglés, con una amplísima colección de libros en castellano. Fue ahí que encontré Amores Imperfectos, una colección de cuentos muy bien logrados, que junto a Rio Fugitivo y Sueños Digitales, dos novelas, pasaron a formar parte de mi incipiente biblioteca.

Me gusto la idea de transponer Cochabamba, de convertirla en Rio Fugitivo, la ciudad ficticia donde ocurren casi todas las novelas de Edmundo. E incluso me apropie de la idea, y escribí un par de cuentos muy malos y cursis que se situaban en Rio Fugitivo. Los cuentos me gustaron mucho más, con los años, fui encontrando a Borges, Onetti y a Julio Cortázar, y me era imposible no notar los paralelos. Me pareció que la idea de McOndo era absurda, que la influencia del Boom, era más que clara en la obra de Paz Soldán, que Rio Fugitivo, era muy parecida a La Ciudad y los Perros, y que los cuentos eran claramente influidos por la línea de Cortázar y Borges.

No puedo negar que existió dentro de mí un debate constante, en cierto modo, me urgía una literatura que me hable de lo que había abandonado, de las postales que se apostaban en mi memoria, de montañas inmensas e interminables, y del lenguaje que poco a poco me iba abandonando. Y no encontraba aquello en la literatura de Edmundo. En ese entonces vivía con cierta congoja, víctima del síndrome de Ulises imaginaba una Bolivia mucho más idílica y perfecta, una Bolivia mucho menos boliviana, y me satisfacía el pensar que todo lo boliviano era genial, y que Edmundo traicionaba, con su literatura cosmopolita, lo idílico, campesinos formando la resistencia, y vainas míticas de semejante calibre. Pero al mismo tiempo iba viviendo cosas nuevas, me rehusaba a pensar en una Bolivia digital, cuando yo boliviano vivía pegado a Napster, Mirc, Messenger y luego a Kazaa. ¿Cómo conciliar uno con lo otro? En ese entonces opte por simplemente leer su obra, y pese a encontrarla fascinante, le rehuía, termine considerando a Edmundo un gringo-boliviano.

Las cosas fueron cambiando, el síndrome de Ulises fue desvaneciéndose, regrese a Bolivia muchas veces, y por largos periodos de tiempo, y termine re-analizándome a mí mismo, y a mi entender de lo literario. Vinieron El Delirio de Turing, y Desencuentros, y me fui ampliando. Los cuentos de Desencuentros, eran más cortos, y ambiguos, siempre mirando a horizontes indefinidos, imaginarios diversos podrían crear finales distintos, y todo eso sólo podría enriquecer una obra, lo no definido es siempre lo que mejor define la realidad, es siempre preciso, eran cuentos que te dejan una sensación contradictoria, tan azarosa y tan conspicua.

Bolivia no era una postal, y El Delirio de Turing desvelo ello. Al menos para mí, enriqueció una realidad paralela, quizás posible, y hoy día muy relevante, (aunque esperemos que él sentido común triunfe, y futuros guerrilleros no tengan facebook). Los personajes de esa novela están muy bien logrados, y Edmundo dibuja en Turing un resumen de lo trágico-nacional, el sentir de mucha gente, no sólo acomodada sino todos en general, de creer que viven a un nivel intelectual y de éxito superior, de asumirse indispensables, cuando en realidad todos son más bien un remedo, una tomada de pelo construida por todos sobre sí mismos que todos saben absurda, pero que todos juegan a creer, por el bien de las apariencias, y en cierto modo porque eso es Bolivia, en palabras de Chazarreta, la mamada, la careta pegajosa de la nada.

Pero no fue hasta Palacio Quemado, que fue el primero de sus libros que compre en Bolivia, que no me quedo duda alguna. Edmundo Paz Soldán es uno de los mejores escritores latinoamericanos no sólo de su generación, sino de siempre, y probablemente el mejor escritor boliviano desde Jaime Saenz, y quizás el único junto a Ricardo Jaimes Freyre (en su época, claro está) que si es leído en todas partes, y por tanto participa del dialogo literario hispanoamericano. Sus ensayos, son sobre todo, muestra de ello, Alcides Arguedas y la Narrativa de la Nación Enferma, es un libro que leí después de leer Pueblo Enfermo y Creación de la Pedagogía, y aunque confieso que me gustaría ver menos objetividad y más posicionamiento ideológico, cualesquiera que este sea, no puedo sino aplaudir la claridad con que se exponen las ideas de Arguedas y su posición.

Palacio Quemado, debería ser lectura requerida en todas las secundarias de Bolivia, y porque no, en toda Latinoamérica, donde la política suele manejarse de la misma manera. El lenguaje con que esta obra está escrita, es exquisito, una prosa muy apremiante y con personajes tan disimiles y urgentes. Una elite del poder tan cercana, pero tan distante en realidad, el fiasco social que se resquebraja, la ficción de lo mestizo en jaque, el desequilibrio de lo que se considera 'lo nacional', la danza absurda de la corrupción columpiando en los andenes del Palacio de Gobierno, la orgía ideológica totalmente pornográfica con que se manipula el discurso político, y sobre todo la consciencia que se tiene de este remedo trágico-nacional. El circo inefable de la bolivianidad es implícito en esta gran obra de la literatura boliviana. Cuan acertadas son las acepciones de Edmundo en esta obra, y al final, nos abandona a todos, hundiéndonos, sabiendo que en Bolivia el capitán nunca se hunde con el bote, y que todos viven en cierto modo en un constante e interminable naufragio, aquel que nos vemos forzados a encarar, cuando colectivamente nos ponemos a construir otra parodia, en la actualidad, dos parodias… un exceso de hipocresía con matices indígenas por un lado, y por el otro la misma careta tradicional con variaciones occidentales.

Espero con gran expectativa el lanzamiento en Estados Unidos y Latinoamérica de, Los Vivos y los Muertos, primera novela situada en Estados Unidos en su totalidad (que por cierto ya se vende en España). Estoy seguro que muchos en América Latina, van a repeler un poco esta obra, después de todo, para muchos, Estados Unidos no es Latinoamérica, aunque los Hispanics, sabemos que no es así, y que la realidad es bastante más ambigua. De cualquier forma. La obra, estará a la venta en Amazon.com, a partir del 29 de Mayo. Los dejo con un link a Dochera, el cuento que le valió a Edmundo el premio Juan Rulfo.

20.8.08

La Literatura Nazi en America: Roberto Bolaño

IRMA CARRASCO

Puebla, México, 1910-México D. F., 1966



Poetisa mexicana de tendencia mística y de expresión desgarrada. A los veinte años publicó su primera colección de versos, La voz por ti marchita, en donde se aprecia una lectura voluntariosa, en ocasiones fanática, de Sor Juana Inés de la Cruz.


De abuelos y padres porfiristas, su hermano mayor, sacerdote, abraza el ideal cristero y muere fusilado en 1928. En 1933 aparece El Destino de las Mujeres, en donde se confiesa enamorada de Dios, de la Vida y de un nuevo amanecer mexicano que indistintamente llama resurrección, despertar, soñar, enamorarse, perdonar y casarse.


De carácter abierto, frecuenta tanto los salones de la buena sociedad mexicana como los cenáculos del nuevo arte en donde su simpatía y franqueza conquistan de inmediato a los pintores y escritores revolucionarios quienes la admiten encantados pese a conocer de sobra sus ideas conservadoras.


En 1934 publica La Paradoja de la Nube, quince sonetos gongorinos, y Retablo de Volcanes, poemas íntimos y de alguna forma precursores de un feminismo católico y avant la lettre. Su capacidad creativa es desbordante. Su optimismo, contagioso. Su personalidad es exquisita. Su aspecto físico transmite belleza y serenidad.


En 1935 se casa, tras un noviazgo de cinco meses demasiado corto para la época, con Gabino Barreda, arquitecto natural de Hermosillo, Sonora, estalinista semiclandestino y público donjuán. La luna de miel transcurre en el desierto de Sonora, cuyas soledades inspiran por igual a Irma Carrasco que a Barreda.


Al regreso se instalan en una casa colonial de Coyoacán que Barreda transforma en la primera casa colonial con paredes de acero y cristal. Exteriormente conforman una pareja envidiable: ambos son jóvenes y no les falta el dinero, Barreda es el prototipo del arquitecto brillante, idealista, con grandes proyectos para las nuevas ciudades del continente; Irma es el prototipo de la mujer hermosa, segura de su casta, orgullosa pero inteligente y serena, el timón necesario para llevar a buen puerto un matrimonio de artistas.


La vida real, no obstante, es diferente y para Irma no está exenta de desengaños. Barreda la engaña con vicetiples de tres al cuarto. Barreda no se anda con contemplaciones y la golpea casi a diario. Barreda la suele despreciar públicamente, a ella y a su familia, a quienes trata de «cristeros jijos de la chingada» o «carne podrida de paredón», delante de amigos y desconocidos. La vida real, en ocasiones, se parece demasiado a una pesadilla.


En 1937 viajan a España. Barreda va a salvar la República. Irma va a salvar su matrimonio. En Madrid, mientras la aviación franquista bombardea la ciudad, Irma recibe, en la habitación 304 del Hotel Splendor, la paliza más brutal de su vida.


Al día siguiente, sin decirle nada a su marido abandona la capital de España con destino a París. Una semana después Barreda sale en su busca, pero Irma ya no está en París: se ha pasado a la zona nacional y vive en Burgos en donde obtiene la ayuda de la madre superiora del convento de las Carmelitas Descalzas, lejanamente emparentada con su familia.


Durante el resto de la guerra su vida es leyenda. Se dice que hizo de enfermera en puestos de socorro de primera línea, que representó como autora y actriz retablos morales para los soldados, que conoció e hizo amistad con los poetas católicos colombianos Ignacio Zubieta y Jesús Fernández-Gómez, que el general Muñoz Grandes la vio y se puso a llorar porque supo de inmediato que jamás sería suya, que los jóvenes poetas falangistas la conocían por el cariñoso apodo de Guadalupe o el ángel de las trincheras.


En 1939 publica en Salamanca El Triunfo de la Virtud o el Triunfo de Dios, plaquette de cinco poemas en donde celebra en finos hemistiquios la victoria franquista. En 1940, instalada en Madrid, aparece otro libro de poesía, El Regalo de España y una obra de teatro que no tardará en ser representada con éxito y más tarde llevada al cine: La Noche Serena de Burgos, pieza que hurga en las felices vicisitudes de una novicia a punto de tomar los hábitos. En 1941 recorre Europa en una triunfal gira de promoción de artistas españoles contratados por el Ministerio de Cultura alemán. Visita Roma y Grecia, Rumania (en donde frecuentará la casa del general Entrescu y conocerá a su novia, la poetisa argentina Daniela de Montecristo por la que sentirá una aversión instantánea: todas las evidencias me llevan a concluir que esta mujer es una p..., escribirá en su Diario) y Hungría, navega en barca por el Rin y por el Danubio, renace y vuelve a brillar en todo su esplendor un talento oscurecido por la falta de estímulos y por la falta o el exceso de amor.


Este renacer trae consigo los gérmenes de una nueva y apasionada ocupación: la del periodismo. Escribe artículos, semblanzas de personajes políticos o militares, describe con detalles vividos y pintorescos las ciudades que visita, se ocupa de la moda de París y de los problemas e intereses de la curia vaticana. Sus crónicas se publican en revistas y periódicos de México, Argentina, Bolivia y Paraguay.

En 1942 México declara la guerra a las potencias del Eje y aunque a Irma Carrasco la medida le parece, literalmente, una patochada o en el mejor de los casos una broma ridicula, ante todo es mexicana y decide volver a España y esperar el desarrollo de los acontecimientos.


En abril de 1946, un día después del estreno de su pieza dramática La luna en sus ojos en el madrileño teatro Principal, con un discreto éxito de crítica y de público, llaman a la puerta de su sencillo pero confortable piso de Lavapiés y aparece en escena, otra vez, Barreda.


El arquitecto, que ahora vive en Nueva York, ha venido a rehacer su matrimonio.

Pide perdón de rodillas, promete y jura todo aquello que Irma Carrasco desea escuchar. Los rescoldos del primer amor vuelven a arder. El corazón sensible de la mexicana hace el resto.


Vuelven a América. Barreda, en efecto, ha cambiado. Durante la travesía se desvive en atenciones y muestras de afecto. El barco que los ha traído de Europa llega a Nueva York. El departamento que tiene Barreda en la Tercera Avenida está preparado expresamente para recibir a Irma. Durante tres meses viven una nueva luna de miel. En Nueva York, Irma experimenta instantes de gran felicidad. Deciden tener hijos lo antes posible pero Irma no queda embarazada.


En 1947 el matrimonio regresa a México. Barreda reinicia el trato diario con sus antiguas amistades. Éstas o el aire de México lo transforman nuevamente en el temido Barreda de antes de la reconciliación: su carácter se ofusca, vuelve a la bebida y a las vicetiples, ya no escucha a su mujer, no le habla, pronto llegan los primeros maltratos de palabra y una noche, tras defender Irma delante de unos amigos la honradez y los logros del régimen franquista, Barreda vuelve a golpearla.


Al primer brote de violencia matrimonial le siguen, en tromba, nuevos y casi diarios maltratos. Pero Irma está escribiendo y eso la salva. Palizas, insultos, todo tipo de vejaciones soporta sin abandonar la pluma, recluida en una habitación de su casa de Coyoacán mientras Barreda se entrega al alcohol y a las discusiones interminables en el seno del Partido Comunista Mexicano. En 1948 termina una obra de teatro, Juan Diego, pieza extraña y sutil en donde dos actores dan vida al indio guadalupano y a su ángel de la guarda en su paso por el Purgatorio, una travesía que al parecer es eterna porque el Purgatorio, parece querer decirnos la autora, es eterno. Después del estreno Salvador Novo felicita a Irma en los camerinos, le besa la mano, se dicen mutuamente zalamerías; Barreda, mientras conversa o finge conversar con algunos amigos, no le quita la vista de encima.


Cada vez parece más nervioso. La figura de Irma adquiere a sus ojos proporciones gigantescas. Suda en abundancia, tartamudea. Hasta que definitivamente pierde el control de la situación: se aproxima a empellones, insulta a Novo y abofetea repetidas veces a Irma ante la consternación de los presentes que tardan más de lo debido en separarlos. Tres días más tarde, Barreda es detenido junto con la mitad del comité central del Partido. Irma, una vez más, está libre.


Pero no abandona a Barreda. Lo visita, le lleva libros de arquitectura y novelas policíacas, se preocupa de que se alimente bien, mantiene charlas interminables con su abogado, se hace cargo de sus negocios pendientes. En Lecumberri, en donde permanece seis meses, Barreda riñe con sus compañeros quienes tienen ocasión de comprobar personalmente lo insoportable que puede llegar a ser semejante carácter en un espacio reducido. Se salva por poco de ser ajusticiado por sus propios correligionarios. Al salir abandona el Partido, abjura públicamente de su militancia y se marcha con Irma a Nueva York. Todo hace presagiar que iniciarán, una vez más, una nueva vida. Lejos de México Irma confía en que su matrimonio recobre la felicidad, la armonía. No es así: Barreda está resentido y es Irma quien paga los platos rotos. La vida en Nueva York, en donde tan felices habían sido, se convierte en un infierno hasta que una mañana Irma decide dejarlo todo, toma el primer autobús y al cabo de tres días está de vuelta en México.


No volverán a verse hasta 1952. Para entonces Irma ha estrenado otras dos obras de teatro, Carlota, emperatriz de México y El Milagro de Peralvillo, ambas de carácter religioso. Y ha aparecido su primera novela, La Colina de los Zopilotes, recreación de los últimos días de vida de su único hermano, que provoca opiniones encontradas en la crítica mexicana. Según algunos, Irma propone sin más la vuelta al México de 1899 como única forma de salvar un país al borde del desastre. Según otros, se trata de una novela apocalíptica en donde se atisban los desastres futuros de la nación que nadie podrá impedir o conjurar. La colina de los zopilotes que da título a la novela, y que es el lugar en donde muere fusilado su hermano, el padre Joaquín María, cuyas reflexiones y recuerdos constituyen el grueso de la obra, representa la geografía futura de México, yerma, desolada, escenario perfecto para nuevos crímenes. El jefe del pelotón de fusilamiento, el capitán Álvarez, representa al PRI, el partido gobernante y timonel del desastre. Los soldados del pelotón son el pueblo mexicano engañado, descristianizado, que asiste impertérrito a su propio funeral. El periodista de un rotativo del D. E representa a los intelectuales mexicanos, vacíos y ateos, interesados únicamente en el dinero. El viejo cura disfrazado de campesino que observa el fusilamiento a la distancia ejemplifica la actitud de la madre Iglesia, cansada y atemorizada ante la violencia de los hombres. El viajante de comercio griego, Yorgos Karantonis, que se informa en el pueblo del fusilamiento y sube a la colina por curiosidad, sólo por matar el tiempo, encarna la esperanza: Karantonis cae de rodillas llorando en el momento en que el padre Joaquín María es acribillado. Y finalmente los niños que al otro lado de la colina, de espaldas al fusilamiento, juegan a tirarse piedras, representan el futuro de México, la guerra civil y la ignorancia.


El único sistema político en el que creo a ojos cerrados, dice en una entrevista a la revista femenina Labores de Casa, es el teocrático, aunque el generalísimo Franco tampoco lo está haciendo tan mal.


El mundo literario mexicano, casi sin excepción, le gira la espalda. En 1953, reconciliada con Barreda que se ha convertido en un arquitecto de renombre, viajan por Oriente: Hawai, Japón, Filipinas, la India servirán de inspiración para sus nuevos poemas, La Virgen de Asia, sonetos acerados que hurgan en la herida del mundo moderno. La propuesta de Irma, esta vez, es volver a la España del siglo XVI. En 1955 es hospitalizada con varias fracturas y contusiones múltiples. Barreda, que ahora se confiesa libertario, llega a la cúspide de su fama: es un arquitecto reconocido internacionalmente y en su taller se acumulan los proyectos que le solicitan de todas partes del mundo. Irma, por el contrario, abandona la creación de piezas dramáticas y se dedica a su casa, a la vida social junto con su marido y a la laboriosa ejecución de una obra poética que sólo se conocerá tras su muerte. En 1960 Barreda intenta divorciarse por primera vez. Irma se niega utilizando para ello todos los recursos a su alcance. Un año después Barreda la abandona definitivamente dejando el asunto en manos de sus abogados. Éstos presionan a Irma, la amenazan con quitarle el dinero, con el escándalo público, apelan a su sentido común y a su buen corazón (la mujer con la que Barreda vive en Los Ángeles está a punto de dar a luz), pero nada consiguen.


En 1963 Barreda la visita por última vez. Irma está enferma y no es del todo imposible suponer que el arquitecto sintiera piedad, o curiosidad, o algo parecido. Irma lo recibe en la sala, vestida con su mejor traje. Barreda llega acompañado por su hijo de dos años; afuera, en el coche, se ha quedado su mujer, una norteamericana veinte años más joven que Irma, embarazada de seis meses. El encuentro, el último que tendrán, es tenso y en ocasiones dramático. Barreda se interesa por su salud, incluso por su poesía. ¿Todavía escribes?, le pregunta. Irma asiente con gravedad. El hijo de Barreda la inquieta y la inhibe al principio. Luego se sobrepone y adopta un tono distante que poco a poco se va haciendo más irónico y soterradamente agresivo. Cuando Barreda menciona a los abogados y la necesidad del divorcio, Irma lo mira a los ojos (a él y a su hijo) y vuelve a negarse en redondo. Barreda no insiste. Vengo como amigo, dice. ¿Amigo, tú? Irma está señorial. Tú no eres mi amigo sino mi esposo, declara. Barreda sonríe. Los años han limado su carácter de asperezas o eso pretende aparentar o tal vez Irma le importa tan poco que ya ni siquiera es capaz de enojarse. El niño no se mueve. Irma, compadecida, le sugiere tímidamente que vaya a jugar al patio. Cuando se quedan solos Barreda menciona la necesidad de que los niños se críen en el seno de un matrimonio bien constituido. Tú qué sabes, le replica Irma.


Es verdad, admite Barreda, yo qué sé. Beben. Barreda, tequila Sauza. Irma, rompope. El niño juega en el patio; la sirvienta de Irma, casi una niña también, juega con él. En la penumbra de la sala Barreda bebe su tequila y hace observaciones banales sobre el estado de conservación de la casa, luego anuncia que tiene que marcharse. Irma se levanta antes que lo haga él y con una velocidad endiablada vuelve a llenarle la copa. Brindemos, dice.


Por nosotros, dice Barreda, por la buena suerte. Se miran a los ojos. Barreda empieza a sentirse incómodo. Irma tuerce los labios en una mueca que puede ser de desprecio o crispación y arroja el vaso de rompope al suelo. Éste se estrella y sobre las baldosas blancas se derrama el líquido amarillo. Barreda, que por un momento ha pensado que le iba a lanzar el vaso a la cara, la mira con sorpresa y alarma. Pégame, le dice Irma. Anda, pégame, pégame, y adelanta el torso hacia su ex marido. Los gritos son cada vez más fuertes. En el patio, sin embargo, el niño y la sirvienta siguen jugando. Barreda los observa con el rabillo del ojo: le parecen inmersos en otro tiempo, no, en otra dimensión. Luego mira a Irma y por un segundo (que olvidará de inmediato) tiene una vaga noción del horror. Al marcharse, al cruzar la puerta de la calle con su hijo en brazos aún cree escuchar los ahogados gritos de Irma que se ha quedado sola en la sala, de pie, ajena a todo menos a su último acto conyugal, sorda a todo menos a su voz que repite dulcemente una invitación o un exorcismo o un poema, la parte sin piel del poema, más corto que cualquier haikú de Tablada, su único poema experimental, por decirlo de alguna manera.


Y ya no hay más poemas ni más vasitos de rompope sino un silencio religioso y sepulcral hasta la muerte.



* Fragmento tomado de La Literatura Nazi en América, de Roberto Bolaño (Publicada por Seix Barral). Aunque siempre recomendaria que te compres el libro, si es imposible que lo hagas pues puedes hallarlo aquí.