7.1.08

Felicidades Exeni!!!

Cuando entre por primera vez a la FadoCracia, sentí que había llegado a uno de esos rincones llenos de utopía que tanto me gustan y que es tan difícil encontrar. Como no hacerlo si de entrada apuntaba a definirse a si misma como ‘el gobierno de los melancólicos, la hegemonía de la saudade, la tiranía de los sentimientos...’ Es decir el gobierno de los que sentimos en la más profunda raíz del espíritu la necesidad imperiosa y vital de sentirnos vivos al sabernos parte de un todo social, cultural, fraterno, libre y plural. ¿Cómo no querer formar parte de la Fadocracia, si ésta no busca el poder por el poder, sino el poder ser uno, y ante todo el poder ser nosotros?



Me cautivo el hecho de encontrar un rincón no vinculado a un partido político, no alineado con una ideología en particular, pero muy comprometido con el cambio y con la democracia y participación diversa, pluralista e intercultural que Bolivia tanto necesita. Un lugar consciente de su realidad, una realidad occidental pero también indígena, una realidad boliviana y también latinoamericana, realidades éstas en la que las hegemonías del poder han causado muchísimo daño, realidades éstas en las que el cambio trascendental está ocurriendo a todos los niveles y en todas los espacios.

Antes de salir a trabajar, en la mañana me encontré con mi muy querida amiga Vero Vero, quien me dio las buenas nuevas. Finalmente el Exeni había sido nombrado vocal de la Corte Nacional Electoral, no pude disimular mi alegría y nos dimos un abrazo virtual. Partí muy contento de mi casa, al saber que a pesar de las distancias me entere muy pronto de lo que había ocurrido.




Creo que es imprescindible que ciudadanos como José Luís Exeni sean reconocidos por la labor que desempeñan, por los aportes que hacen al desarrollo y la consolidación de la democracia en nuestro país. Solía ocurrir antes que uno tenía que ser nomás familiar de algún político, o contar con ciertos padrinos para acceder a una posición de cualquier tipo. Estoy seguro que todavía esas cosas ocurren con este gobierno, porque la corrupción no es particular a un partido político, sino lastimosamente a la bolivianidad en su conjunto, razón por la cual muchos bolivianos excelentemente calificados viven en Estados Unidos, Chile, España, Argentina, y la lista no acaba. Me alegra saber que el país está cambiando.

El compromiso que asume Exeni en está nueva aventura en su vida, es realmente grande, puesto que en sus manos estará uno de los momentos históricos más importantes de la historia boliviana, y de historia por lo menos un poquito sí se. En este 2008 Bolivia se enfrentara a muchas cosas, y sin duda hombres y mujeres bolivianos con la capacidad y la responsabilidad de Exeni van a hacernos mucha falta, para que no se desbarranque este nuestro carrito modelo 52, para que lleguemos a destino todos sanitos y salvos, para que podamos acceder a nuestro nuevo, nuevecito modelo 2008. Desde mi rincón en la blogósfera boliviana, le doy mis más sinceras felicitaciones, le descargo un montón de esperanza que llevo dentro, le brindo todo mi apoyo y mi compromiso con la libertad y la democracia.

Como buen compañero, amante y hermano de, la nostalgia, el silencio y la soledad me siento orgulloso y confiado al saber que el compañero X estará a cargo de tan importante labor. Desde que participe, conviví, me hice parte de la Fadocracia, supe que Exeni era una persona comprometida con su país. Mi desbordante alegría es ante todo por Bolivia, que se merece que gente como él trabajen por ella. Felicidades Exeni!!

6.1.08

¿Cuando dejarán mis labios de sangrar?

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.


Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.


César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro
también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...

(Cesár Vallejo)




Las cosas son simples, fáciles de decir, fáciles de hacer, fáciles de matar, fáciles de amar… O al menos eso tratamos de creer, o al menos yo trato de hacerlo. Probablemente me engaño a mi mismo haciéndolo, o pretendiendo hacerlo, después de todo ¿Por qué tendrían que ser simples las cosas? Es un engaño todo. Pretendo creer que las cosas son simples, pero no lo son, y hasta hace cinco minutos creía en la simpleza o sencillez de la ahora complicada realidad. ¿redundante? ¿o complejo? Pues probablemente no lo creía, o al menos no tenía la certeza de creerlo, ahora tengo la certeza de haber querido querer creer que todo era sencillo, ya nada importa, todo es menos claro, todo es menos cierto. Si es que algo es cierto….


Es simple el quererte, así nomás nace, así nomás te quiero. Sin planes, sin mapas, sin guías, sin cruces del sur… no tiene brújulas el corazón, es muy complicado entenderlo a veces, por no decir todo el tiempo, porque al no necesitar guía mira en cualquier dirección y arremete, agarra sus pilchas y se lanza, lo que este no sabe, es que el camino a vos no es simple. Lo que separa una nube de la otra es el vació infinito, y lanzarme así nomás de una nube a la otra, es pues complicado, ya me he caído más de muchas veces, pero igual nomás me agarro de algún jilguero y vuelvo a buscarte.


¿Cuando dejarán mis labios de sangrar?
¿Cuándo tu nombre volverá?
Dime tú!
¿Cuando Será?

1.1.08

Feliz año nuevo para mi patria en tinieblas


Últimamente muchos ciudadanos bolivianos han observado que los niveles de intolerancia, discriminación, y fanatismo se han incrementado de una manera alarmante. Este tipo de observaciones no es particular a una región o grupo étnico, sino a todas las regiones. No obstante es importante ponderar que como siempre los indígenas llevan la peor parte, como lo han reconocido la ONU, el MERCOSUR, y la OEA. Eso obedece ante todo a la estructura jerárquica-racial de Bolivia, que no puede bajo ningun motivo pasar por desapercibida, o ser minimizada. Pero también es importante reconocer que la intolerancia también se da en grupos de choque de la izquierda y de algunos grupos indígenas. No creo que escribir acerca de esto sea caer en la paranoia, al contrario, creo que es prudente que todos nos miremos al espejo por unos minutos y nos sentemos a reflexionar sobre nuestras opiniones, actitudes, decisiones y acciones.


No pretendo, en este corto ensayo, opinar sobre los estatutos o la constitución. Margino en este momento mi opinión al respecto de la legalidad, legitimidad, e idoneidad de los mismos. Creo ante todo que es crucial sentarnos todos en nuestras habitaciones y crearnos una opinión, ya sea ésta positiva, neutra o negativa, al respecto de los mismos. Todo esto debe hacerse en privado, apuntando principalmente a lo que uno cree es mejor para el país, para la sociedad en su conjunto, y para uno mismo. Puede primar el individualismo, es decir tal decisión debe hacerse estando uno consciente de cómo la misma le afectara a uno. Pero también, y esto es de extrema importancia, uno debe ponerse en los pies del vecino, en los pies del compatriota de otra región, siendo conscientes de las diferencias étnicas, lingüísticas, históricas, y regionales pero usando las mismas como puntos de apoyo y convergencia, y no como limites y argumentos para la disidencia y el egoísmo racial o regional. Muchos verán, que en realidad las diferencias entre los bolivianos aunque son reales, son mínimas, y no como los medios sugieren: irreconciliables. Muchos estoy seguro descubrirán ‘la bolivianidad’ como una identidad heterogénea imposible de definir pero extremadamente real y tangible.


Una vez asumida cualesquiera posición, uno debe evaluar sus actitudes. Me refiero a que uno reconozca que la opinión/posición recién asumida la ha hecho desde su perspectiva. Individualmente. Bajo el pleno uso de su más valiosa facultad: su libertad. Es por eso que las actitudes que tome para con el resto de su sociedad deben partir del respeto a la libertad de decisión del otro. Uno puede compartir con el resto sus posiciones, mediante el debate y la reflexión. Pero uno no puede imponer a otra persona su visión, su opinión y su posición, porque hacerlo implicaría negarles su libertad, y cuando uno le niega la libertad a otro, abre las puertas para que alguien le niegue la libertad a si mismo. Sólo el fascista actúa por medio de la imposición, el fascista se mueve contra la libertad, porque sabe que ésta existe en la esencia del ser humano. Porque el fascista es el hombre-masa y no sabe actuar por si mismo, ni entiende razones, ni discrepa racionalmente, ni debate, ni opina, simplemente es insincero y bajo las banderas de la democracia y la libertad somete al otro.




Ya definida la actitud liberadora, democrática y responsable que uno haya tomado con respecto a la posición asumida, uno debe tomar decisiones. Apunto a que conscientes de su individualidad, todos tienen derecho a hacer una elección que garantice la libertad del ser y que reconozca y establezca garantías de libertad para el resto. Pero estas decisiones no pueden ser impuestas por las mayorías, las masas, o manipuladas por las minorías. El único camino medianamente moderado es el del respeto al otro, al que no comulga con uno mismo, sin acudir a apelativos racistas, o actitudes discriminatorias, o marginaciones sociales. Si uno se deja llevar por la masa, cae en el abandono de su libertad, adopta la imposición, y se niega a si mismo el derecho a ser. Decía Ortega y Gasset que las ideologías radicales generaron en Europa la aparición del hombre-masa, ‘un ser que no quiere dar razones ni quiere tener razón, sino que, sencillamente, se muestra resuelto a imponer sus opiniones: el derecho a no tener razón, la razón de la sinrazón.¿Estamos cayendo en eso? ¿Adoptamos posiciones por que hemos debatido las mismas individualmente, o lo hacemos porque nos han sido impuestas bajo la bandera de la democracia? ¿Reconocemos las imposiciones sólo cuando se nos impone algo, o también lo hacemos cuando sin darnos cuenta, o conscientemente, pretendemos imponerle algo al otro? ¿Nos comportamos para con el resto racionalmente, o pretendemos ‘hacerle entrar en razón’? ¿En las últimas semanas has llamado a alguien o pensado con respecto a otra persona alguna de las siguientes cosas: ‘camba de mierda’, ‘colla de mierda’, ‘indio de mierda’? ¿Estás consciente de que actitudes y acciones tuyas son egoístas y unilaterales?


Creo que es prudente reflexionar sobre todas estas cosas, porque éstas, de un modo u otro guían nuestras decisiones y nuestro diario accionar. Sea cual sea la opinión y la posición que tú asumas, son tuyas: eres libre de hacerlas. Nadie tiene derecho a obligarte a pensar de un modo u otro, ni a tomar posturas que tú no asumas como parte de ti mismo. No tienes porque comulgar con las masas si no te sientes cómodo haciéndolo. No es antidemocrático decir ‘no quiero participar de tal o cual actividad’. No es antidemocrático decir NO. Es antidemocrático no reaccionar ante la imposición de unos sobre otros. Es darle la espalda a la democracia, el que alguien vea que se le está coartando la libertad a alguien y no haga algo para detenerlo. Es totalitarismo el aislar a unos porque no estén de acuerdo con lo que uno propone. Es totalitarismo, el imponer una identidad homogénea, cuando en realidad somos parte de una hermosa heterogeneidad intercultural.




Gustave Le Bon, argumentaba que ‘generalmente, la intolerancia y el fanatismo constituyen el acompañamiento de un sentimiento religioso. No se es religioso únicamente cuando se adora a una divinidad, sino cuando se aplican todos los recursos del espíritu, todas las sumisiones de la voluntad, todos los ardores del fanatismo al servicio de una causa o de un ser que se ha convertido en la meta y guía de los sentimientos y las acciones.’ Con esto quiero decir, que en Bolivia, muchos de los sentimientos nacionalistas que han emergido, si bien son legítimos en muchos casos, adoptan actitudes y accionares excluyentes y segregacionistas, ‘¿o estás con nosotros o estás con ellos?’ En lugar de buscar puntos incluyentes, de encuentro y multifacéticos. Creen unos que sólo su causa es ‘la causa justa y noble’ y su relación con la misma es cuasi religiosa, lo que asume que todas las otras causas no sean iguales ni verdaderas, ni sean dignas de ellos. ¿Está tú causa afectando tu visión de la realidad al punto de que ya no creas que tengas más identidades?


Cómo actúes en las próximas semanas y meses es de suma importancia. No te voy a decir cómo debes hacerlo, porque eso va contra todo lo que digo aquí. No obstante sugiero que tus acciones partan de tú reflexión, y análisis de la realidad desde tú perspectiva, y en lo posible que cada uno asuma la multidiversidad y pluralidad que caracterizan la bolivianidad como factores ponderables y símbolos de identidad. Pretender imponer una postura sobre la otra es negarnos a nosotros mismos la libertad. No seamos personas-masa, sino más bien personas conscientes y reflexivas, que se detienen cada día por cinco minutos, y hacen uso de su libertad manifiesta, reconociendo que todos tienen derecho a ser diferentes.






Feliz año nuevo para mi patria en tinieblas

(Pablo Neruda – Canto General)

Soy yo que abrazo toda la superficie dulce,
la cintura florida de mi patria y te llamo
para que hablemos cuando se apague la alegría
y entregarte esta hora como una flor cerrada.
Feliz año nuevo para mi patria en tinieblas.
Vamos juntos, está el mundo coronado de trigo,
el alto cielo corre deslizando y rompiendo
sus altas piedras puras contra la noche: apenas
se ha llenado la nueva copa con un minuto
que ha de juntarse al río del tiempo que nos lleva.
Este tiempo, esta copa, esta tierra son tuyos:
conquístalos y escucha cómo nace la aurora.

29.12.07

¿A dónde te has ido corazón?

¿Como estas?


Te escribo está carta después de muchos, muchísimos años. Ya se viene un nuevo año y bueno… no quería que pase un digito más en este nuevo siglo, sin que sepas nada de mi.


Está mañana caminaba por Brookline y entré a una tienda de discos, tenían un póster de The Kinks, igualito al póster que tenias en tu habitación, me trajo tantos recuerdos, ni te imaginas… esas tardes en que agarrábamos la cámara y nos hacíamos preguntas, y nos filmábamos los pies mientras respondíamos a las preguntas… y los cruzábamos…, los poníamos el uno sobre el otro…, mientras tus discos de los argentinos y de Bob Dylan nos ayudaban a crear un mundo sólo para los dos, donde no necesitábamos mascaras de ningún tipo, y podíamos quedarnos horas sobre tu cama, y yo acariciando los dedos de tus pies mientras vos acariciabas los míos… ¿te acuerdas? Que mundo era ese, tan privado… tan nuestro, y ahora tan en el pasado.


A veces tu nombre lo veo en las paredes, y me trae sonrisas, me llena los muros de esta ciudad con imágenes de cosas que hicimos, lugares en los que estuvimos, pucha!… esos momentos íntimos de profunda conexión que teníamos, en los que vos y yo parecíamos la misma persona… Y es que no hallo otra forma de describir lo que sentía cuando estaba a tu lado…




Cuando escucho esa canción que tanto te gustaba de Peter Sarstedt, Where do you go to, my lovely? Me consumo en mi mismo… me sobrecoge un vació absoluto y tan lleno al mismo tiempo, que siento que no puedo decir nada, pero quiero decírtelo todo, todo! Y te lo digo en silencio… en mi soledad. Esa soledad que siempre guarda un lugarcito para vos, un retacito de mi mismo que siempre va a tener ahí un lugar para tu recuerdo. Ya he aprendido bien ingles, y tengo tus discos, o por lo menos, aquellos que recuerdo que tenías, ahora los entiendo bien y sus canciones cobran matices distintos para mí, siempre los escucho, mientras me fumo un puchito, como lo hacía cuando estaba contigo, cuando los escuchábamos mezclando nuestros segundos con canciones tan lejanas pero que solo sabían alimentar nuestra cercanía.


But where do you go to my lovely
When you're alone in your bed
Won't you tell me the thoughts that surround you
I want to look inside your head, yes I do…






Ahora mismo, mientras te escribo, veo algunas de las fotos que tomamos cuando estábamos en Totora… en ese festival de la cultura al que me llevaste obligado, y que no quise abandonar, y que creo nunca he abandonado realmente, porque todavía muchos de los recuerdos siguen persiguiéndome en las calles de está ciudad ajena a nosotros, pero tan mía que siento que la hago tuya tan sólo estando aquí. En una de estás fotos estamos colgados de un árbol frondoso, tu y yo cabeza abajo, como murciélagos, con nuestras manos estiradas y enroscadas en empanadas. Te hice una copia de la foto. Recuerdo muy bien ese momento, porque cantabas esa canción del flaco Spinetta que te regale, que por lo general nunca escucho, porque incluso ahora cuando lo hago me pone muy triste y logra, como muy pocas cosas logran, hacerme llorar. Quizás porque recuerdo nuestros pies y manos entrelazadas, y deseo con todas mis fuerzas ‘que sueñes un sueño despacito entre mis brazos, hasta que por la ventana suba el sol…’ Y lloró con mas fuerzas porque se que no puedes estar entre mis brazos, que la distancia entre nosotros ya es imposible de cerrar, y sólo me queda tener la certeza de que por siempre vivirás como parte de mis recuerdos, de mis sueños, y de mis locuras de siempre y para siempre.


Bueno, no quiero ponerme tan melancólico, pero se que vas a entender. Aunque no creas, esta no es la primera carta que te escribo en todo este tiempo, lo que pasa es que esta es la primera vez que tengo la valentía de realmente mandártela, muchas de las anteriores estaban cargadas de otras cosas, muchas las escribí cuando me sentía con bronca, impotencia o desesperación, otras cuando me sentía profundamente triste y entrañablemente absorto en mis pedazos de desolación existencial… tan necesarios, pero tan tormentosos que siempre terminaban con dos botellas de ron, y muchas lagrimas y mocos por todas partes…




Pero más bien ya no me pongo así. He aprendido a vivir con esto. He madurado mucho, y ahora tu ausencia no me duele tanto, aunque el vacío que has dejado siempre va a estar ahí. Se que estás bien. Se que estás mas tranquila. Y eso me deja irremplazables grumitos de paz en todo mi cuerpo, que poco a poco van diluyéndose, a medida que pasan los días siento que se esparcen más y más, que van llenándome todo, removiendo todos los sentimientos de rabia que una vez tuve.


La carta esta te la mando como un avioncito que sale desde mi ventana, hasta que llegue a ti. Mandare una copia a mi tía, para que te la lleve al cementerio, y la deje en tu tumba, estoy seguro que te gustara saber de mí. Ahora me llena una paz muy grande, porque se que eres como una nube que anda por el cielo, y que de vez en cuando te vienes por mi ciudad y me echas una ojeadita, que estás ahí, como siempre cuidándome.


Siempre te extrañare, vives en mi.


26.12.07

Lluvias con Velas

Extraño mucho las lluvias de Diciembre y el olor de la tierra mojada el día de la navidad, quizás tiendo a romantizar mucho mi niñez, o los recuerdos que tengo del lugar donde crecí, es muy posible. Pero la verdad no me importa hacerlo, fue un lugar maravilloso. Yo no crecí en la ciudad, mi casa estaba más bien en las afueras de Cochabamba, y cuando era niño la zona todavía estaba poblada por maizales y acequias, y parajes de sauces y molles, y mujeres lavando ropa en las acequias, con muchos perros alrededor, y sus hijos jugando a los trompos o a las canicas, o cachinas como les decimos en criollo. No muy lejos de mi casa se hallaba el río Rocha, donde muchos domingos después de misa, entre primos y hermanos terminábamos destruyendo nuestras mejores pilchas domingueras.


Ciertamente no era el campo, porque estábamos a 15 minutos del centro de Cochabamba, pero cuando era niño, todavía era campo. El viento muchas veces levantaba nubes de polvo y lo ensuciaba todo, los eucaliptos se torcían y acariciaban con sus copas las calles, o lo que era en el proyecto de la alcaldía una calle y más bien era un sendero. De niño imaginaba que los eucaliptos eran gigantes, que habían sido castigados por alguna falta que cometieron, o porque desobedecieron a los dioses, y que por el resto de la historia estaban destinados a torcerse con el viento, pidiendo perdón por sus pecados, arrastrándose, gimiéndole al viento. Y es que el sonido de las ramas de los eucaliptos al ser golpeadas por el viento, parecía un llanto de desesperación. Me causaba mucho miedo pensar que los gigantes podían ser arrancados de su prisión, y lanzados hacia las casas de los vecinos, y peor aun ser lanzados a mi propia casa.




Algunas veces la luz se cortaba. Con prontitud encendíamos velas, y nos reuníamos todos en la habitación de mi abuela, donde mis abuelos nos compartían muchas historias, cosas de la guerra del chaco, de la revolución del 52, de las migraciones internas, y de su vida en Santa Cruz. A la luz de las velas, nuestras voces automáticamente se tornaban lúgubres y misteriosas, hablábamos como si nos contáramos secretos, como si la noche no acabaría nunca… siento que esos momentos fueron muy valiosos en mi vida, una sencillez muy grande, estar así sentados todos alrededor de mis abuelos, escuchando historias que habíamos escuchado una y mil veces, pero que sin embargo todos disfrutábamos como si fuese la primera vez que las escuchásemos.


Recuerdo una historia que nos contaba mi abuelo, una historia que siempre producía en mí un severo estremecimiento y nunca me dejaba dormir. Cuando era niño él vivió en la mina de Pulacayo, en Potosí. Tenía un grupo de amigos con los que creció, prácticamente desde que aprendió a caminar, y que fueron entrañables amigos suyos hasta que los separo la muerte. El relato va más o menos así... Una noche de invierno del año 1940, en la cancha de fútbol del club social de Pulacayo se hallaba reunido un grupo de niños, el mayor no pasaba de los trece años. Para las 10 de la noche ya casi todos se habían ido a sus casas, y sólo quedaban 5 de ellos, entre los cuales se hallaba mi abuelo. Empezaron a contarse historias de terror, de cholas sin cabeza y k’arisiris, y otros mitos. De pronto uno de ellos desafió al resto, queriendo ver quien se sentía más hombrecito, los reto a visitar el cementerio, se hizo la burla del resto, acusándolos de cobardes, de niños mimados, de asustadizos. Sin embargo tres de ellos aceptaron el reto, y sólo uno retorno a su casa.




Era para mi extremadamente escalofriante, imaginarme a cuatro niños visitando el cementerio de algún campo minero, de noche y en pleno invierno. Todavía siento cierto miedo cuando lo imagino. Según mi abuelo, los muchachos saltaron la barda del cementerio y se dispusieron a jugar fútbol entre las tumbas, de pronto cuando uno de ellos, el retador, se alejo un poco para recoger la pelota, cayo en un foso relativamente grande. Extrañamente no empezó a gritar, ni empezó a llorar, no se desespero, ni exigió que una mano amiga le ayude a salir del agujero. Lo que hizo, fue totalmente inesperado, empezó a hablar eufóricamente y a jugar fútbol con un cráneo, y también con otros huesos que allí se hallaban. Los otros niños asustados por la forma de expresarse de su compañero, sólo atinaron a correr a sus casas. Y aunque estaban arrepentidos, no volvieron al cementerio a recoger a su amigo.


Al día siguiente tocaron la puerta de la casa de mi abuelo, era el padre del muchacho que dejaron abandonado en el cementerio, que desesperado corría a pedirle ayuda a mi bisabuelo, aparentemente el niño estuvo gritando toda la noche, eufórico y atolondrado. Según el vecino, los ojos del niño no pudieron cerrarse en toda la noche, hablaba de calaveras, y fantasmas, y espíritus y almas entrándosele al cuerpo, golpeándole, escupiéndole, gritándole con voces espeluznantes y agudas que no le permitían siquiera escucharse a sí mismo. Mi abuelo totalmente arrepentido les contó a los adultos lo que estuvieron haciendo el y sus amigos la noche anterior en el cementerio. Afortunadamente después de unos días el muchacho se recupero, pero no volvió a jugar fútbol nunca más. Mi abuelo y los otros niños tuvieron que ir a rezar al cementerio todos los domingos por el resto del año, y seguramente recibieron una memorable paliza.



Esas historias a la luz de las velas son una de las cosas que más extraño. Además de las acequias, los molles, los maizales, y los eucaliptos. Lastimosamente el lugar donde crecí, ahora solo existe en mis recuerdos, porque el cemento lo ha invadido todo. De las acequias no queda ni el canal. Y los gigantes que tanto temía, han sido casi todos arrancados, no por el viento, sino por el progreso, que no sabe de gigantes. Y el río… pues se seco. Todo eso termino, se ha ido, o mejor dicho, lo hemos desterrado. Después de todo, queremos ser modernos, y que las historias de mi abuelo, queden sólo en eso, historias…

Mientras… yo seguiré recordándolos a todos… en especial a él, que este año se ha ido, y sólo ha dejado en mí, sus ojos y su sonrisa, enmarcados en las lluvias de Diciembre y en el olor de la tierra mojada.


P.D. Joup, este va en respuesta a tu meme.

18.12.07

Cantos a (la) Esperanza...

Conocí a Esperanza muchas vidas atrás. Nuestra relación siempre ha estado llena de conflictos y las pruebas que nos han puesto el tiempo y el destino no han sido pocas, mucho menos sencillas. Entre los miles de laberintos que pueblan la eternidad siempre he estado consciente de ella, algunas vidas la tuve entre mis brazos, y ella me tuvo entre sus labios. En otras vidas nunca la tuve, no pude aferrarme a sus manos y deambule por aquellos laberintos, buscándola. Absorto y solo, divagaba rasguñando piedras, escalando montañas, y saltando de estrella en estrella, con la certeza de un día poder hallarla.


De vez en cuando, encuentro una foto suya, o llega a mí el olor de su perfume, yo me armo de valor y cargado de mis sueños parto. Corro sin parar. Pero los laberintos del destino no tienen muros de piedra, son invisibles. Y muchas veces la realidad me impone senderos de invierno, y cuando hace mucho frío mi caminar se hace difícil y menesteroso. A pesar de todo, la certidumbre de hallar a Esperanza, siempre tan cautivante y misteriosa, está cada vez más viva, y yo maravillado me sonrió a mi mismo.


Pero cuando llego a donde se supone estaba ella, ya es muy tarde, ha partido. Las distancias después de todo no son sencillas de derrotar, y las encrucijadas de mi soledad, me han confundido. Aferrado a mis sueños, y atado a la utopía de volver a hallarle, me despabiló y parto nuevamente, descifrando pistas, rastreando huellas, indagando olores, explorando universos desconocidos, investigando en bibliotecas subterráneas. Cual forastero, busco rutas que me lleven a su lumbre.


Porque siempre supe y se, que un día estaremos juntos, sentados a la orilla de un río, cerca de una pirámide Maya, jugando a amarnos por el resto de la eternidad. Y ella se aferrara a mis labios, y yo anclado entre sus brazos jamás podré partir nuevamente, por lo menos no en está vida.




Te escribo poemas
y cartas de amor,
y los lanzo al océano
en botellas,
para que cuando halles
los mensajes

vuelvas desnuda
a mi puerto
,
a este puerto que ahora,
es sólo tuyo
y al que sólo tus barcos
saben darle sentido


Mientras...
Construyo escaleras
con cantos de luz,
de voces escondidas,
con pétalos de hierro
como clavos,
y de martillo
el miedo de tus labios.


Construyo escaleras
para vos,

con lágrimas, sueños
y con saliva,
con estrellas de miel,
con lunas y algarabía.


Construyo escaleras para vos,
y cuando arribes a mi puerto,
y desterremos
la distancia,
verdugo de nuestra alegría,

subiremos por esta escalera,
hasta llegar a la luna

y navegaremos juntos
de galaxia en galaxia,

a veces en barcos tuyos,
y a veces...
...en los míos


Pintura: Brad Holland

En el fondo he aprendido que la vida es navegar. Y en realidad uno cuando viene al mundo, no trae astrolabios, ni nace con brújulas que lo guíen y los únicos satélites que pueden darnos coordenadas en el profundo y abismal océano de la soledad son las estrellas, y la luna. En mi caso, la cruz del sur me ayuda siempre a encontrar mi ruta. La ruta de la Esperanza.


Es sólo cuando el viento del sur me lleva al puerto de la esperanza, que me siento realmente vivo. Y cuando digo vivo, sólo la esperanza entiende a que me refiero, porque vivimos en el mismo universo y somos llama del mismo fuego.


Cuando navego lejos de su orilla en la oscuridad de mí absurda realidad, su flama está presente, logro verla en la distancia, su fuego es de agua y ninguna tormenta logra nunca apagarla. Sólo el abandono y la sequedad podrán extinguirla… pero yo no la abandonare nunca, y siempre sabré darle mi amor y mi confianza eterna, para que nos entendamos, para que sepamos darnos el uno al otro, plenamente, sin tapujos ni ataduras, sin abismos, sin dudas, sin mentiras, sin promesas de arena y sin verdades de cristal.


Porque ella sabe y yo se que somos de barro, de carne, y de hueso. Y sólo juntos, en los días lluviosos de diciembre… podemos ser de fuego.




Y navegamos por rutas distintas
siempre ha sido así
durante toda la eternidad….


Y nos encontraremos intermitentemente
hasta que un día,
podamos vernos y amarnos nuevamente
durante toda la eternidad…


Ven.mp3

‘y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido’

(Mario Benedetti)