Mostrando entradas con la etiqueta conocimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta conocimiento. Mostrar todas las entradas

3.10.08

América Latina, Déjate Parir!

2 de Octubre en Tlatelolco continúa estando presente

Ronda en plazas y mitines

Pavoroso y contundente…

…2 de Octubre no se olvida

Yo pregunto al evocar las heridas que nunca cierran

¿Cuando dejaran de rondar 2 de Octubres en la tierra?

(Fernando Delgadillo)



Este 2 de Octubre se recordaban los 40 años de la Masacre de Tlatelolco. Creo que un documento interesante es el libro de Elena Poniatowska que tiene el nombre: La Noche de Tlatelolco. Recomiendo también, buscar cosas en Ytube, aquí mismo les dejo un par de videos, es increíble la cantidad de documentales y entrevistas de todo tipo que pueden hallar en video. Hablaba el otro día con un amigo en Bolivia, al que le comentaba sobre Tlatelolco, y me dijo que no tenía la más mínima idea de que era Tlatelolco, aunque sí asumió que el nombre era mexicano.


Nadie sabe el número exacto de los muertos,
ni siquiera los asesinos,
ni siquiera el criminal.
(Ciertamente, ya llegó a la historia
este hombre pequeño por todas partes,
incapaz de todo menos del rencor.)


No pretendo en este momento, hacer una crónica sobre que paso en Tlatelolco, y porque, simplemente dejo en claro que fue una masacre de estudiantes por parte del gobierno federal mexicano. Me interesó mucho, sin embargo, lo que este amigo me dijo, principalmente porque fue él el que me envió un e-mail en Mayo, recordándome que debíamos recordar lo que ocurrió en Francia el mismo año, 1968, con consignas de ¡libertad! y ¡qué viva el Che! y toda la onda esa. Sin embargo ignoraba que ese mismo año los estudiantes mexicanos también tuvieron su '68 y fueron reprimidos a balazo sucio.


Tlatelolco será mencionado en los años que vienen
como hoy hablamos de Río Blanco y Cananea,
pero esto fue peor,
aquí han matado al pueblo:
no eran obreros parapetados en la huelga,
eran mujeres y niños, estudiantes,
jovencitos de quince años,
una muchacha que iba al cine,
una criatura en el vientre de su madre,
todos barridos, certeramente acribillados
por la metralla del Orden y la Justicia Social.


Es a este tipo de actitudes, a las que me refiero cuando hablo de la colonialidad, y el estado profundo de división y aislamiento históricos, al que nos hallamos sometidos en América Latina. Podemos hablar de la Revolución Francesa sin ningún problema, recordamos consignas como Libertad, Igualdad y Fraternidad, sabemos incluso quienes son Washington y Jefferson, quienes son Churchill y Mussolini. Sin embargo no sabemos quienes lideraron la revolución Mexicana de principios de siglo ni que se hizo en esa revolución. No sabemos que el Brasil era en un momento un Imperio, sí, con emperador y todo, y que nunca pelearon por su independencia, simplemente el emperador la decreto. Desconocemos la historia de la Argentina, de cómo repelieron a los ingleses. Y sólo he mencionado a los países grandes. No sabemos nada respecto a países de Centroamérica, y si algunos saben quién es Trujillo, probablemente se lo deben a Vargas Llosa por La Fiesta del Chivo. Lo único que sabemos de todos los otros países es que son pobres como también lo somos nosotros.


A los tres días, el ejército era la víctima de los desalmados,
y el pueblo se aprestaba jubiloso
a celebrar las Olimpiadas, que darían gloria a México.
(Jaime Sabines)


Estoy seguro que esto se repite en todos los países de América Latina. Dudo que la educación no universitaria, y en algunos casos incluso la universitaria, nos enseñen algo acerca de nuestros vecinos. Nuestros hermanos de lengua y sangre. Porque en América Latina somos hermanos de Sangre y Lengua, y sin embargo no nos dejamos ser. Porque podríamos Ser, si nos despojásemos las máscaras que tan ilusamente nos hemos sabido poner, y es cierto, muchas veces otros nos han sabido poner.







Creo sinceramente, que hoy más que nunca, América Latina está tomando otro camino, un camino que siempre quiso para sí misma. Dicen algunos que los gobiernos de izquierda de Sudamérica quieren imponer un comunismo nefasto, muy a lo Stalin, pero por lo menos por ahora les tengo confianza, y creo que sí están construyendo otro mundo. Un paradigma otro, como dice ese gran intelectual que es Boaventura. Y que se están iniciando procesos de descolonización, no sólo del Poder, sino también del Conocimiento y del Ser. No es perfecto, de ninguna manera, hay muchas críticas bien merecidas que se tienen todos estos líderes que ahora tenemos. Pero creo vehementemente que por primera vez en nuestra historia, nuestros líderes si piensan en sus países y en la posibilidad de construir una América que ya existe a niveles culturales y lingüísticos. Pero a la que todavía le falta construir una identidad regional más solida y posible.







Otro Mundo es Posible, sí señores, claro que sí. Porque las perspectivas de millones de latinoamericanos en los últimos años han cambiado, porque ahora creen que si pertenecen a sus países, porque la esperanza ha vuelto a poblar sus corazones, y porque los Limites de lo Posible van poco a poco disolviéndose. Porque estamos dejando de ser un montón de muertos como en el cuento de Rulfo, y porque los senderos que recorremos son más parecidos a la alameda que soñó Salvador en la que esos hombres y mujeres de hoy y mañana pueden caminar libremente. Porque ya no vendemos la soberanía al mejor postor, como nos recordaba Marcelo.


Pablo Milanés nos dice en su canción, Yo pisare las calles nuevamente, de lo que fue Santiago ensangrentada. Y en una hermosa plaza liberada me detendré a llorar por los ausentes Pero el nos dice que no sólo recordemos Santiago, sino también Managua, Pando, Buenos Aires, Rio, San Salvador, Santo Domingo, y a una infinidad de ciudades en Nuestra América. Porque nuestra sangre ha sido derramada en todas las calles de América, por aquellos que siempre han tenido el poder, no sólo los gringos, ni los europeos, no, sino sus cómplices Las Elites Latinoamericanas. Porque si supiésemos nuestra historia, podríamos caminar por toda América Latina recordando que nos podemos unir a los que hicieron mucho y poco para liberarnos de este yugo que somos nosotros mismos, ésta prisión de mirar al norte y al otro lado del charco. Para que dejemos de lado, esta mutilante necesidad que tenemos de querer ser más como ellos, y en lo posible, dejar de ser del color de la tierra. Es quizás utópico pensar que construir una nueva América para nosotros Los Americanos sea posible, pero creo que se está logrando, y me atrevo a decir esperanzado que en 15 años las nuevas generaciones sabrán recordar Tlatelolco y brindaran con Tequila en todas las esquinas de este continente que todavía no se deja parir.


Cuando un estudiante apellidado Vega anunciaba que la marcha programada al Casco de Santo Tomás del Instituto Politécnico Nacional no se iba a llevar a cabo, en vista del despliegue de fuerzas públicas y de la posible represión, surgieron en el cielo las luces de bengala que hicieron que los concurrentes dirigieran automáticamente su mirada hacia arriba. Se oyeron los primeros disparos. La gente se alarmó. A pesar de que los líderes del CNH desde el tercer piso del edificio Chihuahua, gritaban por el magnavoz: "¡No corran compañeros, no corran, son salvas!… ¡No se vayan, no se vayan, calma!", la desbandada fue general. Todos huían despavoridos y muchos caían en la plaza, en las ruinas prehispánicas frente a la iglesia de Santiago Tlatelolco. Se oía el fuego cerrado y el tableteo de ametralladoras. A partir de ese momento, la Plaza de las Tres Culturas se convertió en un infierno.

Elena Poniatowska La Noche de Tlatelolco

30.9.08

Joseph Stiglitz: El blues del rescate de Wall Street

No hace falta ser un genio para comprender que el sistema financiero de Estados Unidos -el sistema mundial, en realidad- está en una situación caótica. Y ahora, después de que la Cámara de Representantes estadounidense haya rechazado el plan de rescate de 700.000 millones de dólares propuesto por el Gobierno de Bush, también es evidente que no hay un consenso sobre cómo arreglarla.


Los problemas de la economía y el sistema financiero de EE UU son visibles desde hace años. Pero eso no impidió que las autoridades acudieran a las mismas personas que habían contribuido al caos, que no fueron capaces de ver los problemas hasta que estábamos al borde de otra Gran Depresión, y que se han dedicado a deambular de rescate en rescate, para pedirles que nos salven.


Mientras los mercados mundiales se desploman, el plan de rescate volverá, casi con seguridad, a someterse a votación en el Congreso. Puede que salven Wall Street, pero ¿qué pasa con la economía? ¿Qué pasa con los contribuyentes, ya agobiados por unos déficits sin precedentes y con facturas todavía impagadas para financiar unas infraestructuras deterioradas y dos guerras? En estas circunstancias, ¿puede salir bien cualquier plan de rescate?


Por supuesto, el plan de rescate recién derrotado era mucho mejor que lo que proponía en un principio el Gobierno de Bush. Pero su enfoque de base seguía teniendo unos defectos fundamentales. Para empezar, se basaba -otra vez- en la economía del trickle-down, del goteo: no se sabe cómo, si se daba suficiente dinero a Wall Street, acabaría llegando hasta las personas corrientes, beneficiaría a los trabajadores y los propietarios de viviendas. La economía del goteo no funciona casi nunca, y no parece probable que vaya a ser distinto ahora.


Además, el plan suponía que el problema fundamental era de confianza. No hay duda de que eso es parte del problema; pero el origen está en que los mercados financieros concedieron unos préstamos basura. Había una burbuja inmobiliaria y se hicieron préstamos basados en unos precios inflados.


La burbuja ha estallado. Los precios de la vivienda seguramente bajarán aún más, así que habrá más ejecuciones hipotecarias y, por más que se infle el mercado, eso no va a cambiar. Los préstamos basura, a su vez, han creado en los balances bancarios enormes agujeros que habrá que reparar. Una acción de rescate del Gobierno que pague el precio justo por esos activos no ayudará precisamente a reparar el agujero. Al contrario, sería como hacer transfusiones masivas de sangre a un paciente que sufre una enorme hemorragia interna.


Aunque se pusiera rápidamente en marcha un plan de rescate -cosa que parece cada vez más improbable-, habría cierta contracción del crédito. La economía estadounidense se ha sostenido gracias a un auge del consumo alimentado por el préstamo excesivo, y eso se reducirá. Los Estados y los ayuntamientos están recortando gastos. Los balances domésticos son más débiles. Una desaceleración económica exacerbará todos nuestros problemas financieros.


Podríamos hacer más con menos dinero. Los agujeros de los balances de las instituciones financieras deberían repararse con transparencia. Los países escandinavos nos mostraron cómo, hace 20 años. Warren Buffet ha enseñado otra manera, al proporcionar capital a Goldman Sachs. Al emitir acciones preferentes con garantías (opciones), se reduce el riesgo de pérdidas del público y se garantiza que pueda participar en parte de los posibles beneficios.


Esta estrategia no sólo ha demostrado su validez sino que ofrece los incentivos y los medios para que se reanuden los préstamos. Evita la inútil tarea de intentar valorar millones de complejas hipotecas y los productos financieros, todavía más complejos, en los que están incrustadas, y resuelve el problema de las gangas: que el Gobierno se quede con los activos peores o más sobrevalorados. Por último, se puede poner en práctica mucho más deprisa.


Al mismo tiempo, se pueden tomar varias medidas para disminuir las ejecuciones hipotecarias. En primer lugar, es posible hacer que la vivienda esté más al alcance de los estadounidenses de rentas bajas y medias convirtiendo la deducción por hipoteca en un crédito fiscal reembolsable. El Gobierno, en la práctica, paga el 50% del interés hipotecario y los impuestos sobre el patrimonio de los ciudadanos de rentas más altas, pero no hace nada por los pobres. En segundo lugar, es necesaria una reforma de las bancarrotas para permitir que los propietarios reduzcan el valor de su vivienda y permanezcan en sus casas. Tercero, el Gobierno podría hacerse cargo de parte de una hipoteca, aprovechando sus costes de préstamo inferiores.


Por el contrario, el enfoque del secretario del Tesoro estadounidense Henry Paulson es un ejemplo más de los juegos de trileros que han metido al país en este lío. Los bancos de inversiones y los organismos calificadores de crédito creían en la alquimia financiera, la idea de que era posible crear un valor importante a base de cortar y dividir valores. La nueva opinión es que es posible crear valor real descortando y desdividiendo, sacando esos activos del sistema financiero y poniéndolos en manos del Gobierno. Pero eso significa pagar un precio demasiado alto por los activos, y eso sólo beneficia a los bancos.


Al final, existen grandes probabilidades de que, si se acaba por aprobar un plan así, los contribuyentes estadounidenses se queden atrapados. En la economía del medio ambiente hay un principio básico que es "el que contamina, paga". Es una cuestión de justicia y de eficacia. Wall Street ha contaminado la economía con hipotecas tóxicas. Debería pagar la limpieza.


Existe cada vez más consenso entre los economistas de que cualquier rescate basado en el plan de Paulson no va a funcionar. De ser así, el enorme incremento de la deuda nacional y la conciencia de que ni siquiera 700.000 millones de dólares son suficientes para salvar la economía estadounidense erosionarán la confianza aún más y agravarán su debilidad.


Pero, por otro lado, los políticos no pueden no hacer nada en una crisis semejante. Así que quizá tengamos que rezar para que un acuerdo elaborado con la misma mezcla tóxica de intereses especiales, una economía equivocada y unas ideologías de derechas que provocó la crisis pueda, de una u otra forma, producir un plan de rescate que funcione, o cuyo fracaso no haga demasiado daño.


Arreglar esta situación -incluido un nuevo sistema de regulación que disminuya la probabilidad de que vuelva a ocurrir una crisis como ésta- es una de las muchas tareas con las que se encontrará el próximo Gobierno.


Joseph E. Stiglitz, catedrático de Economía en la Universidad de Columbia y premio Nobel de Economía en 2001. © Project Syndicate, 2008. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

21.4.08

James Petras: del Neoliberalismo al Neo-Mercantilismo

Es interesante mirar atrás y reflexionar. Hace unos años el tema del ALCA estaba muy de moda, y bueno… unos se oponían y otros estaban a favor. James Petras, se opuso al mismo. Presento aquí este fragmento de un articulo suyo escrito el 2001. Ya son varios años del artículo, pero creo que sigue tan vigente como entonces. Aunque ahora los Estados Unidos se hallan sumidos en una crisis económica resultado de las políticas neoliberales de los últimos 20 años. Latinoamérica está muy cerca de la crisis, particularmente los países que firmaron tratados de libre comercio con Estados Unidos, especialmente los de Centroamérica y México, la razón es simple, mientras más atados al imperialismo están, más dependientes son del mismo. Afortunadamente, la mayoría de los países Sudamericanos se opuso al ALCA y decidieron más bien moverse en otras direcciones, y en vez de optar por un solo mercado de las Americas empezaron a diversificarse, el mejor ejemplo de ello es Brasil. Chile si firmo un Tratado de Libre Comercio, pero Chile esta muy diversificado, y su economía es muy desarrollada si la comparamos con Bolivia, o países de Centroamérica.. De haberse realizado el ALCA puedo asegurar que todos los países de América Latina se encontrarían en una profunda crisis… producto de un efecto domino de la Economía norteamericana.

Recomiendo el articulo, que nos muestra claramente los diseños de la política de ‘libres mercados’ y lo que realmente pretenden estos en la dizque aldea global.




El nuevo imperialismo: del neoliberalismo al neo-mercantilismo
El libre mercado o el imperialismo neoliberal siempre fueron un mito: los estados imperiales nunca han abierto completamente sus mercados, eliminado todos los subsidios o dejado de intervenir para apuntalar o proteger a sus sectores económicos estratégicos, sea por razones políticas o sociales. El imperialismo neoliberal siempre ha significado la apertura selectiva a países seleccionados, durante períodos de tiempo especificados, para áreas de productos seleccionados. Los mercados fueron abiertos por el gobierno de EE.UU. a productos producidos por subsidiarias de EE.UU. en países extranjeros. El "libre comercio" en el país imperial no estaba basado en criterios económicos, sino políticos. Por otro lado, los encargados de la política euro-estadounidense y sus empleados en el FMI y el Banco Mundial predicaban "fundamentalismo de mercado" al Tercer Mundo, la eliminación de todas las barreras al comercio, de los subsidios y de las regulaciones para todos los productos y los servicios en todos los sectores. Las prácticas selectivas de libre mercado de los estados imperiales permitieron a sus multinacionales capitalizarse sobre las oportunidades de mercado en los países-objetivo, practicando el fundamentalismo de mercado, mientras protegían sus sectores económicos interiores que incluían electorados políticamente importantes. Un conflicto mayor estalló cuando los dos rivales imperiales, EE.UU. y Europa (ambos libre-mercaderes fundamentalistas) intentaron abrir los mercados del otro, protegiendo al mismo tiempo importantes electorados políticos.

Con la llegada de las crisis triples de recesión, colapso especulativo y competencia intensificada, los países imperiales han recurrido a una mayor intervención estatal en una cantidad de sectores: mayores subsidios estatales, agrícolas y otros –30 mil millones de dólares en EE.UU. en 2001; recurso intensificado a la interferencia en el comercio para imponer "cuotas" a las importaciones (el compromiso de Bush con la industria del acero de EE.UU.) y la explotación intensificada de las regiones del Tercer Mundo para aumentar el flujo de beneficios, intereses y ventajas comerciales (la proposición de EE.UU. para el "Libre Comercio de las Américas".)

El comercio dirigido por el estado, combinando la protección de los mercados internos y la intervención agresiva para asegurarse ventajas monopolistas en el mercado externo y beneficios para las inversiones, define el contenido del imperialismo neo-mercantilista. El imperialismo neoliberal con su retórica de libre mercado y la apertura selectiva de mercados, está siendo reemplazado por un neo-mercantilismo que busca la mayor monopolización de zonas de comercio regional, más decisiones políticas unilaterales para maximizar las ventajas comerciales, la protección de productores internos, y la mayor dependencia de estrategias militares para profundizar el control sobre economías neoliberales en crisis, dirigidas por lacayos desacreditados.

Durante la era de Clinton, EE.UU. "compartió" la toma de los mercados y de las empresas latinoamericanas con los europeos. Por ejemplo, los bancos y las compañías energéticas y de telecomunicaciones de EE.UU., compitieron con las multinacionales españolas en la adquisición de empresas públicas y bancos nacionales. Sin embargo, el régimen de Clinton, trató de debilitar a la competencia europea y japonesa firmando el Tratado de Libre Comercio de América del Norte [NAFTA/ALENA] que dio privilegios a las empresas de EE.UU. en México. El éxito de EE.UU. en la monopolización del mercado mexicano, estuvo en contraste con la relativa disminución de su participación en las empresas y mercados nuevamente privatizados en América Latina.

La proposición de Clinton de extender el control monopolista a través del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) recibió mayor ímpetu con la administración Bush –particularmente en la cumbre de las Américas de Québec en abril de 2001. El propósito del ALCA es dar privilegios a las compañías y exportadores de EE.UU. que operan en América Latina, mientras se restringe el acceso latinoamericano a los mercados estadounidenses. Aunque el ALCA es presentado como una doctrina comercial recíproca, la administración Bush se negó a hacer cualquier concesión respecto a las llamadas regulaciones anti-dumping que son habitualmente evocadas para limitar la entrada de productos latinoamericanos competitivos, que pudieran obtener parte del mercado de las compañías de EE.UU. Además, la "reciprocidad" es un concepto sin sentido cuando las dos regiones que comercian tienen desigualdades tan inmensas en la capacidad productiva y en el tamaño de muchos sectores económicos, y cuando industrias nacientes tienen que competir con grandes empresas establecidas. En esas circunstancias, la "reciprocidad" se convierte en una fórmula para las adquisiciones estadounidenses y la bancarrota de las empresas latinoamericanas. Como hemos visto, las empresas de EE.UU. en los sectores bancarios, energéticos, de las telecomunicaciones, de la minería y en el transporte, tienen inmensas ventajas que han utilizado para desplazar a la competencia latinoamericana. El ALCA destruirá decisivamente lo que queda de las economías nacionales latinoamericanas e impondrá una estructura de toma de decisiones económicas que estará concentrada en las oficinas centrales de los bancos y las corporaciones multinacionales de EE.UU.

Lo que es de igual importancia, es que EE.UU., como estado, dictará las reglas y regulaciones que regirán el comercio, las inversiones y las leyes de propiedad intelectual que reinarán en las Américas. Esto pondrá al gobierno de EE.UU. en la posición de combinar el proteccionismo en el interior, la exclusión de los europeos, y tener mercados libres en América Latina.

Un ejemplo evidente de los elementos proteccionistas del imperio neo-mercantilista son las promesas de la Casa Blanca de proteger las plantas siderúrgicas estadounidenses contra la competencia extranjera –incluyendo a Brasil. En la primera semana de junio de 2001, la administración lanzó una acción (una investigación bajo la Sección 201 de las "prácticas comerciales injustas") para proteger a los productores de acero de EE.UU. contra la competencia extranjera. Tanto Donald Evans, el Secretario de Comercio de EE.UU., como Robert Zoellick, el Representante de Comercio de EE.UU., defendieron públicamente la intervención estatal para proteger a los productores no-competitivos de acero de EE.UU. contra el "comercio injusto". La verdadera razón para la pérdida de competitividad de la producción estadounidense, es la fortaleza del dólar y los mayores costos operacionales en EE.UU. Como indicara la Asociación Nacional de Fabricantes de EE.UU. en una carta al Secretario del Tesoro de EE.UU. [los actuales niveles de cambio del dólar estaban] "teniendo un fuerte impacto negativo sobre las exportaciones industriales, la producción y el empleo." La carta señalaba que el dólar estadounidense había subido un 27% desde principios de 1997, con el resultado de que "puso los precios de los productos fuera de competencia en el mercado tanto en el interior como en el extranjero."

El fuerte dólar, sin embargo, es una estrategia preferida del poderoso sector financiero de EE.UU. y es vital para mantener el vasto flujo de capitales extranjeros a EE.UU., para financiar el creciente déficit comercial.

El lavado de fondos ilícitos por los principales bancos estadounidenses es una fuente importante de flujos externos hacia EE.UU. Cálculos de un subcomité del Senado de EE.UU. van de 250 a 500 mil millones de dólares por año. Como el antiguo imperio mercantilista dependía en parte de compartir el botín de sus piratas depredadores, a la economía neo-mercantilista le sientan de maravilla los gobernantes corruptos que saquean economías y transfieren sus fondos ilícitos a los imperios de Europa y EE.UU. El fuerte dólar es uno de los atractivos para los depredadores y los gobernantes corruptos. No es sorprendente que la administración Bush haya debilitado significativamente su apoyo para una iniciativa internacional que refuerce la regulación financiera para combatir el lavado de dinero.

El imperialismo mercantilista en el que el estado imperial combina el proteccionismo en casa, los monopolios afuera, y el libre comercio dentro del imperio, es por lo tanto, la estrategia escogida para mantener el imperio y desarrollar el apoyo político interno, a un costo terrible para América Latina y produciendo la consternación de sus competidores europeos. En su lucha por el imperio neo-mercantilista, Washington debe basarse crecientemente en decisiones y políticas unilaterales. Por su naturaleza monopolista, el neo-mercantilismo depende de la exclusión de aliados competidores y de maximizar las ventajas comerciales, mediante decisiones estatales unilaterales.

El rechazo unilateral de la administración Bush del acuerdo de Kioto, su decisión unilateral de proceder con el nuevo programa de misiles, en violación de acuerdos existentes, sus crecientes subsidios a la agricultura de EE.UU., su intento de acelerar el ALCA, son ejemplos de unilateralismo al servicio de la construcción del imperio neo-mercantilista.
El mercantilismo, con su considerable énfasis en los beneficios de los monopolios, la acción unilateral y particularmente la intervención estatal para favorecer los intereses empresariales contra los rivales exteriores y una vasta colección de choques internos en América Latina, han sido acompañados históricamente por conflictos armados y grandes gastos militares. El neo-mercantilismo contemporáneo no constituye una excepción. Acompañando al ALCA, hay un aumento importante de los gastos militares de EE.UU. en América Latina, nuevas bases militares, la colonización del espacio aéreo, de las costas, los ríos y los estuarios. El Plan Colombia, la Iniciativa Andina y los gastos militares relacionados con la militarización de las fronteras de Ecuador con Colombia y de Panamá con Colombia, implican más de 1500 millones de dólares y cientos de agentes militares de EE.UU. La subcontratación de militares latinoamericanos, fuerzas paramilitares y mercenarios estadounidenses, es una parte integral de la protección y expansión de la construcción del imperio neo-mercantilista. En todo el mundo, la política de EE.UU. de provocar a China con ostentosos planes de vuelos espías a lo largo de sus aguas costeras, y la escalada de la carrera armamentista con Rusia, forman parte de la política de proteger el poder militar unilateral.

15.4.08

Apuntes Economía Norteamericana y Globalización

Me preguntaron hace poco algunas cosas a cerca de un post que hice sobre la economía norteamericana y la crisis que se nos viene o que para muchos (incluyéndome) ya está sobre nosotros. Es muy cierto que ‘el mundo fue y será una porquería’, bien lo dice el tango, pero en este caso me avoco a hablar de Estados Unidos, que es la economía en cuestión, y un poco de América Latina, no abarco más porque es imposible, y porque existen demasiadas variables que deben tomarse en consideración. Hable en ese post de la desigualdad y de los resultados del neoliberalismo y la globalización económica en los Estados Unidos, y bueno, ahora me adentro un poco en el tema.

Durante las décadas de los 50 y 60, los Estados Unidos tuvo un incremento en la igualdad de ingresos de sus ciudadanos, a diferencia de la época actual en la que la disparidad se ha incrementado, al punto de que el uno por ciento de la población tiene tanto dinero como el noventa y cinco por ciento de abajo. Ese no era el caso en el pasado. Principalmente porque durante esa época los sindicatos habían ganado mucha fuerza, y los gobiernos demócratas de turno hicieron reformas sociales que beneficiaron mucho a la sociedad norteamericana, ejemplo claro es que se concedieron becas a las universidades, y muchísima gente de clase trabajadora pudo acceder a una educación superior. El Estado tenía una fuerte presencia en el aparato productivo norteamericano. A partir de la subida de Nixon, pero principalmente desde el gobierno de Ronald Reagan, se hacen reformas estructurales en la economía norteamericana, basadas en el neoliberalismo, es decir que se le quita al estado el rol que tenía dentro de la economía y empiezan las olas de privatizaciones, que luego fueron replicadas en los países latinoamericanos durante finales de los ochenta pero principalmente los noventas… Esas reformas, cedieron muchísimo a la empresa privada, y dieron muchos privilegios a las clases acomodadas, la acumulación de riqueza en manos de muy pocos se hizo muy notoria, se hizo más sencillo despedir a los empleados, y las compañías (no los trabajadores) fueron protegidas por el Estado. Del mismo modo se limitaron los programas de educación y de salud, y no se aceleraron los procesos de incorporación de los negros al sistema productivo.

Ya con la globalización encima ningún gobierno, ni demócrata, ni republicano se atrevió a hacer reformas sociales, y se ha mantenido hasta ahora una economía que beneficia sólo a los más ricos, lo que ha traído como resultado la crisis actual. Los subprimes son sólo el principio, ahora la gente empezará a protestar porque los trabajos se van del país, resultado de la globalización económica. Colombia que ha sido el aliado más cercano de Washington en estos últimos años, esta viendo muy difícil que se apruebe el tratado de libre comercio entre ambos países. Justamente porque mucha gente se queja, y en año de elecciones, ningún partido quiere arriesgar votos. La globalización económica, agarrara una fabrica de lo que sea en Kentucky y la moverá a Bogota, donde producirá lo que sea que produce a menor precio, y sin embargo el precio del producto en Estados Unidos no bajará. Mientras los trabajadores de la fábrica que ganaban $30 la hora, terminaran trabajando den WalMart por $15 la hora. En Colombia los trabajadores de la fábrica recibirán sueldos mínimos pero en dólares, lo que aunque es criticable, es bueno, pero en cuanto la corporación sienta que hay otro país más pobre y barato, agarrara la fábrica y la moverá, dejando a los colombianos desempleados, y el precio del producto seguirá subiendo. ¿Qué tal? ¿Quiénes ganan? Desde mi punto de vista sólo ganan los que son dueños de la corporación. Y como la gente ya entiende en que consiste la cosa está llamada globalización, muchos la cuestionan, en especial si eres ese ex trabajador fabril de Kentucky. No es de extrañarse que ninguno de los candidatos, ni Obama, ni Clinton, ni McCain, hayan hasta ahora hablado de comercio internacional, es un tema muy difícil, y arderá Troya.


***


Veamos un poco los fenómenos de la globalización. La globalización como fenómeno cultural y social es bastante beneficiosa, porque nos permite interactuar con gente y culturas de todas partes del mundo, al mismo tiempo podemos acceder a una cantidad de información simplemente inmensurable. Claro ejemplo de todo esto, es que vos estés leyendo esto, y que yo lo pueda escribir. Sin embargo, debemos tener claro que no todos pueden acceder a los medios globalizadotes (Internet-telefonía celular-viajes) y que los países en vías de desarrollo se hallan claramente desaventajados. El intercambio cultural existe, o al menos eso queremos creer, pero siendo claros es la cultura occidental la que impone una visión del mundo y las sociedades en desarrollo las receptoras de cultura. Claro ejemplo es que Halloween se festeja ahora en toda América Latina y en algunos lugares de Europa… ¿pero que han adoptado los gringos? Y si se dan ciertos cambios en los países del centro (Europa-USA) es porque la globalización económica a producido ejércitos de emigrantes que ahora pueblan estas áreas del mundo y van transformando la cultura del centro, en Estados Unidos viven más de cuarenta millones de hispanos, y todo indica que para el 2050 el treinta por ciento de la población será de origen hispano. ¿Quién cambiara a quien? ¿Cuál es el futuro del castellano? Y claro… un millón más de preguntas… y mucha tela por cortar.

La globalización económica, por otro lado… consiste en el poder actual que tenemos los seres humanos de mover bienes y servicios de un lugar a otro, con una velocidad increíble, lo que se supone trae riquezas a todos. Al menos eso es lo que te dice un texto básico de economía de universidad. Sin embargo el fenómeno en sí, es demasiado complicado. Debemos primero tomar como punto de partida el hecho de que no todos los países parten de la misma línea, algunos están ya bastante avanzados y otros no, y que estos compitan como iguales es bastante injusto. La globalización económica se manifiesta a través de la imposición del neoliberalismo por medio del consenso de Washington, que son una serie de principios económicos que funcionan como receta para que un país consiga desarrollarse rápidamente, entre las ‘sugerencias’ se hallaban la liberalización del comercio, la desregulación de mercados, apertura a la inversión extranjera irrestricta, la privatización de empresas estatales, y cuestiones afines. Tales sugerencias fueron impuestas a los países del mundo en desarrollo, y de los países de la antigua esfera soviética, por medio del FMI y del BM, ¿Cómo? Pues si tu país quería un préstamo tenía que adoptar las medidas, sino, nada.

Otra manifestación de la globalización económica, son los tratados de libre comercio, que de libre no tienen nada excepto el nombre, y lo tienen justamente para que asociemos la idea de libertad con ellos. Tomemos por ejemplo el NAFTA que es el tratado entre México, Canadá y USA, pues se supone que no existen barreras comerciales entre los tres países, aunque el movimiento de trabajadores, si es restringido. Bueno, lo único que el tratado le dio a México fue un montón de maquiladoras, que en cuanto vieron que China era más barata se fueron. USA invadió el mercado mejicano con maíz producido en USA, y derrumbo los precios y por tanto la producción mejicana, que hasta ese entonces había sido suficiente para mantener a todo el país. ¿Cómo lo hicieron los gringos? Pues con subsidios. Si hubiese sido comercio justo, no hubiesen existido subsidios a la producción norteamericana, es decir en Estados Unidos el estado les paga a los granjeros por producir maíz, y sólo de esa forma pueden estos producir ese producto a bajo costo, y venderlo a un precio falso. Los productores mejicanos al no poder vender su producto quebraron, y como la mayoría eran pequeños productores pues se quedaron sin trabajo, y se dedicaron a cruzar la frontera de ilegales y ahora Estados Unidos tiene sus buenos millones de ilegales mejicanos.

Los tratados de libre comercio que se quieren hacer a nivel mundial, en las famosas rondas de Doha, fueron frenadas por países como el Brasil y la India, justamente porque los países europeos y USA no están dispuestos a eliminar sus subsidios, pero estos si quieren que los países en desarrollo abran sus fronteras a sus productos ¿es esto lógico? Lo que pasa es que ellos caerían en su propio juego, ya que los países del mundo en desarrollo son mucho más competitivos en productos agrícolas y pronto destruirían sus producciones locales vendiéndoles todo a menores precios creando de ese modo un montón de desempleados en Europa y Estados Unidos, y lo que es peor para ellos, pasar a depender de los países en desarrollo en algo tan vital como es la comida. Porque al final… computadoras podríamos no tener, pero ¿podríamos vivir sin comida?

Entonces… los objetivos de la globalización económica, no son la armonía y la justicia, ni la democracia, ni la libertad, esas son armas de discurso. El objetivo es claro, enriquecerse más e imponer una forma de vida. Y de un modo u otro, controlar o recolonizar el mundo económicamente y culturalmente. Claro que dentro de este fenómeno, los seres humanos, en nuestra naturaleza social, buscamos formas de comunicarnos y crear grupos dentro de estos nuevos espacios. Y de esa forma compartimos culturas y conocemos cosas o viajamos a lugares que no conocemos y quizás nunca conozcamos. Pero una cosa es lo que nosotros hacemos con la globalización, y otra muy diferente los designios y objetivos de la misma.

Cuando digo que los países latinoamericanos miren al Asia, específicamente la China, el Japón y la India, no me refiero exclusivamente al comercio con estos países, sino a que observemos la forma en que estos se han desarrollado, o están haciéndolo. Ninguno de esos países ha seguido un plan del FMI, ni del BM, bueno… un poco la India en los últimos años, pero no la China, mucho menos el Japón o Corea. Les ha valido el consenso de Washington, y a pesar de ser capitalistas, no lo son en la manera en que los USA o Europa son. No son países neoliberales, y su capitalismo es bien diferente. Para que una empresa yankee o europea entre a la China, está tiene que comprometerse a dejar su tecnología y a entrenar gente, justamente para que sus propias empresas crezcan, no como nosotros que abrimos las puertas y ventanas, y nos quedamos de maquiladores. Todos esos países han hecho reformas educativas bastante profundas, y han hecho caso omiso de las llamadas del BM y el FMI a reducir sus gastos en programas sociales, y es justamente porque tienen sociedades educadas que sus productividades son tan altas. En la China ya no solo fabrican juguetes… ahora están empezando a desarrollar software y a hacer coches, pronto estarán con cosas de biotecnología, y sacando aviones… Y bueno… así más o menos… a eso me refiero, no a seguir el consejo de Estados Unidos y Europa, que lo hemos hecho por siglos… ¿y donde estamos? Supongo que será hora de tomar otros ejemplos… porque no, los exitosos del siglo XXI, eso sí, viendo de cerca el medioambiente, y cuidándonos de caer en los mismos errores.