28.1.08

Geopolítica del Conocimiento

Bueno, estoy trabajando en algunas cosas, así que les dejo, este texto que es de una entrevista que le hacen a Walter Mignolo, uno de los pensadores latinoamericanos más interesantes del momento. Veo, que en Bolivia, la mayoría de la gente no sabe que son la interculturalidad, la colonialidad, porque se habla de un proyecto descolonizador, y cosas afines. Y bueno… espero que algunos de mis posts, por lo menos ayuden un poquito. Hay mucho trabajo filosófico, historiográfico, sociológico, de semántica, filológico, y de otros tipos, investigaciones muy profundas que indagan las diferentes/iguales realidades latinoamericanas, en algunos posts, pondré algunas de estas ideas.

Le haría un exhaustivo análisis, pero la verdad no tengo mucho tiempo. Los dejo con esto. Si alguien está más interesado, lo tengo en .pdf, sólo déjenmelo saber y se los mando por correo electrónico.



Pensemos en cualquier historia, de la filosofía, por ejemplo. Esa historia va de Grecia a Europa, pasando por el norte del Mediterráneo. De tal manera que todo el resto del planeta queda fuera de la historia de la filosofía. Así, en América Latina hay una larga tradición en la cual una de las preguntas es, “existe una filosofía en América Latina?”. Pregunta semejante se han hecho los filósofos africanos, sobre todo a partir de la descolonización de África, después de la Segunda Guerra Mundial. Así, en la misma vena, se dice que “la filosofía oriental” es más “práctica” que la occidental. Esto es, no se sabe muy bien, por un lado, qué diablos es filosofía fuera de esa historia con una geografía precisa (de Grecia a Francia) y, por otro lado, la filosofía funcionó, hasta hace poco, como el punto de llegada de la modernización del conocimiento. Imaginemos otras historias, la de las ciencias humanas (Foucault) o de las ciencias sociales (Wallerstein). Algo semejante ocurre. La arqueología de las ciencias humanas de Foucault se hunde en las raíces de esa geopolítica que enmarca la historia de la filosofía. Wallerstein, en cambio, introdujo un nuevo elemento. Reconoció que las ciencias sociales, como las conocemos hoy, se fundaron en Europa, se construyeron en las lenguas modernas de conocimiento y de colonización, y se ocuparon fundamentalmente de países Europeos, porque el resto del mundo (con excepción de la antropología al servicio del colonialismo) no valía la pena de ser estudiado. El “orientalismo”, recordemos, es producto de los estudios filológicos más que sociales.



¿Entonces qué vemos en estos dos ejemplos? Vemos que la “historia” del conocimiento está marcada geo-históricamente y además tiene un valor y un lugar de “origen”. El conocimiento no es abstracto y deslocalizado. Todo lo contrario. Lo que vemos en los ejemplos anteriores es una manifestación de la diferencia colonial. Los misioneros habían notado que los aztecas o los incas no tenían escritura; por lo tanto, no tenían conocimiento en el sentido en que la universidad renacentista concebía el conocimiento.


Cuando les llegó el turno a los misioneros francés e ingleses, en el siglo XIX, las observaciones fueron semejantes. Solo que esta vez el conocimiento se medía sobre la base de la universidad kantiana-humboldtiana y no ya renacentista. Los conocimientos humanos que no se produzcan en una región del globo (desde Grecia a Francia, al norte del Mediterráneo), sobre todo aquel que se produce en África, Asia o América Latina no es propiamente conocimiento sostenible. Esta relación de poder marcada por la diferencia colonial y estatuida la colonialidad del poder (es decir, el discurso que justifica la diferencia colonial) es la que revela que el conocimiento, como la economía, está organizado mediante centros de poder y regiones subalternas. La trampa es que el discurso de la modernidad creó la ilusión de que el conocimiento es des-incorporado y des-localizado y que es necesario, desde todas las regiones del planeta, “subir” a la epistemología de la modernidad.



Esta observación vale tanto para la derecha, como para la izquierda y para el centro. Hay tres grandes narrativas, macro-narrativas, que enmarcan el saber en las historias del saber que se localizan desde Grecia a Francia, al norte del Mediterráneo. El macro-relato cristiano, generó el macro-relato liberal, y éste generó el macro-macro relato marxista. Como es sabido, la secularización del conocimiento aparentemente se opuso y distanció de la cristiandad. No obstante, en un gesto complementario mantuvo a la cristiandad cerca, puesto que la religión cristiana le era necesaria a los filósofos de la ilustración para asegurarse de que todas las otras religiones eran inferiores a la cristiana. Y, como también sabemos, si la secularización generó el liberalismo, el liberalismo generó su contrapartida semántica, el marxismo. De tal modo que cristiandad, liberalismo y marxismo (con sus correspondientes “neos”) no son dos caras de la misma moneda, sino tres caras de un solo lado de la moneda. El otro lado de la moneda es la colonialidad. Y la colonialidad abre las puertas de todos aquellos conocimientos que fueron subalternizados en nombre del cristianismo, del liberalismo y del marxismo.

3 comentarios:

sofianitro dijo...

te agradezco sobre todo esta selección de música que me acompaña algunas tardes.

La Cholita dijo...

hummmmm mmmmmmmm
me gusta las letras.. pero lo encuentro un poco complicado... ¿sera el cansancio? entretanto.. sigo leyendo!! que tantos días me perdí por estos lares...

utópico dijo...

sofianitro: gracias! sobretodo por lo que le toca a lo que escribo en el blog.... jajajaja.... es linda musica... que bueno que la disfrutes!! justo la puse para que yo tambien tenga mi radio personalizada cuando estoy en el trabajo.
saludos!!

cholita: es un poco complicado... voy a tratar de hacer esto en fasciculos... abriendolo un poquito... eres siempre bienvenida... pasea todo lo que quieras!
saludos!!!