La catástrofe del mercado de bienes raíces
Desde hace tiempo estuve buscando un artículo en español que explique más o menos bien lo que ocurre en los Estados Unidos con la crisis hipotecaría. Este no es un blog de economía, ¡ni lo será nunca! Pero creo que los tiempos que se avecinan no van a ser nada sencillos. De cierto modo, el Señor Bush, esta cumpliendo su más grande objetivo, destruir a su propio país. No lo culpo solo a él, sino a toda una mentalidad errada de consumo exacerbado y nomeimportismo universalizado. No se puede mantener a un país peleando dos guerras, y al mismo tiempo pedirle a la gente que siga gastando como loca, y suspendiendo algunos impuestos. Es simplemente irracional. Cualquier historiador lo diría, y finalmente muchos economistas lo están aceptando.
Los años neoliberales están dando sus frutos, el mundo se va al carajo. Y no es ser exagerado. Hay muchísimos ejemplos. La extrema apertura de mercados, tuvo entre sus síntomas a la fiebre hipotecaría que se apodero de los Estados Unidos por los últimos años, pero como todo castillo construido sobre naipes, al caer las bases toda la estructura se esta cayendo al suelo. Pero mantengamos la esperanza, los ricos seguirán siendo ricos, y los pobres ‘sólo’ perderán sus casas.
Es increíble por ejemplo que un banco, que especulo con los precios de las casas y de las hipotecas, sea salvado por el gobierno federal, mientras que la gente que se compro las casas tenga que perderlas. He oído de casos en los que la gente, al hallarse totalmente imposibilitada de pagar la hipoteca, simplemente agarra sus cosas y se va, por ultimo, la casa sería del banco de todos modos. ¿y cual es su solución? Mandarte seiscientos dólares con las devoluciones impositivas, para estimular el consumo. Es decir, encima de que la economía la mandan por el suelo, te dan seiscientos míseros dólares para que compres cosas que sólo hacen ricos a los que no perdieron mucho, es decir… no es lo mismo que le quites diez mil dólares a perico de los palotes que gana ochenta mil al año, a que se lo quites a Bill Gates, ¿o si?
Desde mi punto de vista, el cinismo llega al extremo. Lo único que el neoliberalismo a hecho, es incrementar la injusticia y la desigualdad, y recién con esta crisis se verán los verdaderos efectos de la globalización económica y la extrema liberalización. La desigualdad ha cobrado un matiz muy grande en los Estados Unidos, como nunca antes, el uno por ciento más rico de la población tiene más dinero que el noventa y cinco por ciento de la base. Sólo campeones de la desigualdad como Brasil, México y Bolivia pueden darse el lujo de tener más desigualdad. Pero esto es algo que nunca se menciona en los Estados Unidos, ninguno de los candidatos Obama, Clinton o McCain lo ha siquiera mencionado, y de los Miedos de Incomunicación, pues no hay nada que decir…
¿Qué significa todo esto para América Latina? Pues sólo una cosa, ya no podemos mirar al norte, ni tampoco a Europa. Hay que mirar al Asia, que es donde está el crecimiento, donde está el futuro, y que es por donde está saliendo el sol. La China va a seguir creciendo, lo mismo que la India. Los Estados Unidos a menos que entre una presidenta, seguirá nomás rodando cuesta abajo, golpeándose en todas partes, todo gracias a Bush, la guerra contra ‘el terrorismo,’ y las ideas de Milton Friedman, que vivía en el abstracto y maravilloso mundo de los mercados perfectos, quimeras teóricas irreales que lo explican todo, pero que simplemente no existen. Por eso estamos como estamos… Bolivia se verá afectada por la crisis mundial… esperemos que no mucho.
Los dejo con un artículo de Naief Yehya, que leí en Letras Libres. El mismo ofrece un bosquejo de la crisis actual y aclara cosas sobre las hipotecas subprime y demás tucuymas… si te preguntaste alguna vez en que consistirá la dichosa crisis que estamos viviendo, te recomiendo este artículo, los economistas se empeñan en usar términos técnicos… para que la gente crea que es difícil, y no pregunte… cuando en realidad las cosas son bastante sencillas, creo que el autor de este artículo hizo eso, ponerlo sencillo.
El escándalo de las hipotecas subprime
Hasta el verano de 2007 el mercado de bienes raíces en Estados Unidos parecía un prodigioso acorazado que navegaba con estabilidad las aguas turbulentas de los mercados financieros. La fiebre de la construcción afectaba a prácticamente todas las ciudades de la Unión y los agentes inmobiliarios no se daban abasto para atender a los compradores potenciales.
Todo mundo quería ser parte de este milagro económico y en un sorprendente cambio de mentalidad ciertos bancos e instituciones decidieron que estaban tan interesados en abrir las puertas de este mercado que incluso podían hacer a un lado los viejos criterios y las exigencias mínimas para considerar préstamos. De tal manera comenzaron a ofrecer hipotecas a miles de consumidores con créditos menos que impecables. Esto dio lugar a una epidemia de préstamos e hipotecas denominados subprime, es decir, enfocados a clientes de alto riesgo, con bajos ingresos o historiales de crédito poco alentadores. Entre 1996 y 2006 las hipotecas subprime pasaron de ser nueve por ciento del total a más de veinte por ciento. Numerosos prestamistas empezaron a competir dando condiciones atractivas a un público de bajos recursos. Se ofrecían inicialmente tasas de interés muy pequeñas que supuestamente podrían ser renegociadas cuando subieran a sus niveles flotantes normales, así como términos de pago de “sólo interés” que mantenían las mensualidades muy bajas.
Así, miles de personas adquirieron casas que en su gran mayoría no podían pagar. Como suele suceder en un mercado en ebullición, súbitamente la oferta era demasiada para el mercado y los precios de las propiedades comenzaron a bajar. Esto propició que dejara de ser rentable para los bancos renegociar las tasas de interés. Los propietarios que ya padecían de mensualidades altas de sus propiedades descubrieron que estas se depreciaban vertiginosamente. Entones la recomendación lógica para muchos de estos era: perder la propiedad es más rentable que seguirla pagando a una tasa alta de interés.
Para octubre de 2007 los problemas ya eran inocultables y dieciséis por ciento de estos préstamos tenían retrasos de hasta noventa días o ya se encontraban en procedimientos jurídicos de embargo. Cuando esto se escribe ese porcentaje se encuentra cerca de veinticinco.
Ahora bien, esto es una catástrofe personal para quienes invirtieron sus ahorros en casas que no pudieron pagar, pero la crisis de las hipotecas subprime es mucho más compleja y tiene consecuencias planetarias debido a que provocaron un efecto dominó. Algunas instituciones de crédito se vieron afectadas de inmediato al no poder cobrar las mensualidades que se les debían, pero muchos prestamistas ya habían transferido los derechos de esas hipotecas a terceras partes en forma de documentos de inversión MBS (Mortgage-Backed Securities) o bonos respaldados por hipotecas. Estos bonos diseminaron el riesgo en los mercados internacionales y al declinar de valor precipitadamente fueron provocando que numerosas empresas y fondos en todo el mundo quebraran.
Las partes involucradas en el proceso de autorizar los préstamos se beneficiaron en grande en el proceso, llegando al extremo de no verificar información para no negarle a nadie la hipoteca. Una vez concedida ellos pasaban el riesgo a grandes corporaciones de Wall Street como Merrill Lynch y Bear Stearns, que recortaban las deudas y las vendían a sus clientes como si se tratara de propiedades valiosas. En el centro del desastre se encuentran unos misteriosos instrumentos financieros llamados CDO (Collateralized Debt Obligations) u obligaciones colateralizadas de deuda. Estos CDO contenían pedazos de préstamos estudiantiles, automotrices, corporativos, deudas de tarjetas de crédito e hipotecas subprime. Las agencias valuadoras, como Standard and Poor’s, Moody’s Co. y Fitch Ratings, dieron a los CDO la valuación AAA. Hoy quienes tienen estos instrumentos no saben cómo deshacerse de ellos. Resulta inquietante que los expertos no encontraran sospechoso que un mecanismo hecho de docenas de deudas diversas, algunas de origen desconocido o cuestionable y casi todas difíciles de rastrear alcanzara una valuación comparable a los bonos del tesoro de Estados Unidos.
Una de las más graves y reveladoras consecuencias de esta debacle ha sido una seria crisis de credibilidad. Una de sus manifestaciones más escandalosas tuvo lugar el 10 de agosto de 2007 cuando por veinticuatro horas bancos europeos y estadounidenses se volvieron tan desconfiados que se negaron a realizar cualquier préstamo interbancario, con lo que obligaron a los bancos centrales a intervenir masivamente. El Banco Central Europeo (ECB) tuvo que inyectar 230,000,000,000 de euros al mercado mientras la Reserva Federal estadounidense hizo algo equivalente. Pero este bombeo de liquidez no resolvió el problema, ya que el 13 de diciembre siguiente esas instituciones, junto con el Banco de Inglaterra, el Banco de Canadá, el Banco Nacional Suizo y el Banco de Japón, tuvieron que volver a inyectar más fondos al mercado interbancario para impedir un colapso mundial.
Los mercados financieros han demostrado ser sorprendentemente robustos, pero la frágil estructura de deudas acumuladas y documentos en proceso de desintegración en que se apoyan parcialmente ponen en peligro su estabilidad. Esta fue otra de las consecuencias de veinte años de desregular mercados siguiendo al pie de la letra los principios chiflados de Milton Friedman y sus Chicago Boys. La crisis de las hipotecas subprime tendrá sin duda consecuencias a largo plazo y millones de dólares de los contribuyentes seguirán siendo desviados al mercado para enmendar los excesos y seguir sosteniendo los experimentos de los especuladores de Wall Street.








