11.4.08

Trátame Suavemente

Disfruto mucho con la música de Soda Stereo aunque no es mi banda favorita, siempre lo he hecho, supongo que es porque son temas que escuché desde muy chico… supongo también que es porque sus temas han aparecido en momentos claves de mi vida… y marcado fotografías que siempre quedarán marcadas en mi mirada y en la sonrisa que dibuja en mí el recuerdo.

En uno de esos viajes de carretera, extremadamente largos, totalmente cansadores pero desbordantemente placenteros, mi hermano y yo nos lanzamos a las autopistas del sur de los Estados Unidos. Mucho de ese viaje fue invadido por los discos de Soda, los Fabulosos Cadillacs, Bersuit y afines… Recorrimos todos los Estados de la costa este, parando en diferentes ciudades y pueblos alejados. Conocimos lugares maravillosos, paisajes estupendos, playas inundadas de emociones, ríos repletos de tortugas y lagartos, plantaciones antiguas, sembradíos de tabaco y algodón, mosquitos y escarabajos que lo inundaban todo, y en muchos casos las miradas sorprendidas de algunos gringos, que parecía, no habían visto gente de otro color en muchísimo tiempo.



Uno de los descubrimientos que hicimos en ese viaje, fue el de encontrar el pueblo de Bolivia. Cuando salíamos de Wilmington, una ciudad en la Carolina del Norte, a mi hermano se le ocurrió, salirse de la autopista, y recorrer el resto del camino hasta Charleston por la ruta 17, un camino más bien pequeño de tan solo dos vías. Recuerdo bien el momento en que vimos el primer letrero que decía, Bolivia a cinco millas, y nos echamos a reír a carcajadas. ¿Quién podía haberlo imaginado? Nos detuvimos en el pueblo, y nos tomamos algunas fotos frente al letrero que decía Bienvenido a Bolivia. Al ser nosotros bolivianos, nos dimos unos minutos para recorrer el pueblo, nos decíamos a nosotros mismos, si hasta podríamos venir a Bolivia a pasar un fin de semana…aquí mismo, en los Estados Unidos. El pueblo contaba con unas cuantas calles, un par de iglesias, un mercado, una peluquería, la escuela primaria, y algunas tiendas comerciales, todas llamadas Bolivia. Farmacia Bolivia, Escuela Bolivia, Constructora Bolivia, y así sucesivamente. Estuvimos riendo mucho, el pueblo es un lugar diminuto, que sólo se lo puede hallar en los mapas de la zona, no creo que vivan más de cien personas en el, pero bueno, supongo que de cierto modo llegan a ser nuestros hermanos bolivianos, o bolivians.

Al salir del pueblo tomamos la ruta 17, mientras de fondo escuchaba una canción de Soda, Trátame Suavemente. No se explicar ni como, ni porque, pero me dio nostalgia al irme de Bolivia, no de mi país, el que visitaría a pocas semanas del viaje por el sur, sino del pueblito este. De alguna manera reflejaba quizás algunos aspectos de mi propio país. Era un pueblito, muy pintoresco y acogedor, perdido en el medio de ningún lugar, alejado de todo y al mismo tiempo metido en los quehaceres del desarrollo y el crecimiento económico. El camino a Charleston fue placentero, luego estuvimos en Savannah, donde escuchamos varios blues a orillas del río del mismo nombre mientras tomábamos cerveza en un bar irlandés. El viaje continuo por algunos días más… al regresar no pasamos por Bolivia. Yo me quede en Nueva York para un congreso sobre temas del medio ambiente. No se si algún día regresaré al pueblito de Bolivia. Pero cuando escucho ese tema de Soda Stereo, siempre viene a mi mente ese momento de mi vida, aunque ahora está mezclado con otro recuerdo….





Está lloviendo a mares. Miro delante y las gotas golpean con rabia las ventanas y el parabrisas… ella está conmigo, no puedo creerlo, ¡ella está conmigo!... Me gusta cuando hace esos gestos… me encanta… cuando tuerce un poco el labio inferior y lo muerde, o cuando infla la cara como pez globo con la nariz fruncida y los ojos saltones… toda engorilada… cuando saca la lengua y la encona con picardía… encuentro en sus gestos un vendaval de aventuras… me sumerjo en ese universo de cosas que creo comprender cuando la miro… sólo necesito un gesto, y ya me lo ha dicho todo… Muchas de nuestras conversaciones, se limitan a eso… a una mirada… una sonrisa o un gesto… una complicidad de palabras no pronunciadas, y de verbos visuales… la lluvia está tremenda…


Graniza tanto, como para que yo recuerde
y acreciente las perlas
que he recogido del hocico mismo
de cada tempestad.


Soy un cobarde… no se decirle que para mi, este momento es uno de los mejores momentos del viaje… que tenernos el uno al otro, en medio de la carretera, a 120 kilómetros por hora en una noche de temporal… es simplemente insuperable. Soy un cobarde porque no me salen las palabras, pero creo que ella lo entiende, se lo he dicho con mis ojos, y cuando toco sus manos de rato en rato, se que ella me entiende. En fin… me gusta la playa, los días de sol… me gusta el rock y bailar hasta el amanecer… pero este momento, es para mí, como el cherry del helado, sobre todo cuando el helado ya esta terminando de derretirse… Yo no sé como no sería igual para otros... nada quita el hecho de que yo sea un cobarde… me detesto…


No se vaya a secar esta lluvia.
A menos que me fuese dado
caer ahora para ella, o que me enterrasen
mojado en el agua
que surtiera de todos los fuegos


Tarifa fue genial, no nos perdimos, aunque sólo estuvimos ahí por unos minutos… pero este momento de retorno, no lo voy a poder sacar de mi cabeza en tanto tiempo, siento que estamos tendiendo un puente inmenso entre ella y yo… están saliendo mis secretos… los tesoros de mi memoria… las particularidades de mi vida… los sinsabores… las caídas… los enamoramientos destructivos… y por su lado,… lo mismo… ya no somos islas… nos une esto que tenemos y no sabemos entender… nos une la lluvia interminable… la carretera de nuestras vidas y recuerdos…el inmenso mar que esta por aquí en algún lugar y que no podemos ver porque es de noche, pero que nos rodea… y nos llena de energía… podría quedarme así por mucho tiempo, no sólo escuchándola sino tratando de entenderla… tratando de habitarla por completo, y que me habite… que compartamos siempre momentos de lluvia en los que nos enjuagamos los sueños, y les damos brillo… de lloviznas de luz… de tormentas de creciente e interminable esperanza y vida… de grillos que le cantan a la luna… del canto de las gotas cayendo sobre las hojas y refrescando este eterno caminar que son sus ojos… de este universal abismo que siento cuando la beso… de esto que me inunda y no termina nunca de absorberme y expulsarme como volantín de claridad… de esto que siento y no se expresar… de esto que quiero sentir en la eterna carretera de nuestros dedos… del rescate de sus ojos… del lenguaje de sus gestos… de mis sueños y sus sueños… y si se puede... también de los que compartimos…


¿Hasta dónde me alcanzará esta lluvia?
Temo que me quede con algún flanco seco;

temo que ella se vaya, sin haberme probado
en las sequías de increíbles cuerdas vocales,
por las que,
para dar armonía,
hay que siempre subir ¡nunca bajar!
¿No subimos acaso para abajo?


Que lindo tener una amiga como la que ella tiene, poder hacer todas esas cosas… poder recordarla así y seguir teniendola… quisiera algo así para mi… corte mucho de mi vida sin darme cuenta, y también me cortaron, no es fácil lanzarse a otras latitudes… ella lo sabe. Quizás por eso nos entendemos tan bien, porque su vida es tan parecida a la mía, y al mismo tiempo tan distinta. Cuantas confesiones… cuantos recuerdos… creo que me comprare un Ford Focus… es muy cómodo, y podré recordar este momento… que hubiera hecho yo, si me hubiesen llevado a sacar fotos a todos los cactus de Bolivia… por más que sólo florezcan cada cien años… con dos fotos bastaban ¿no?...


Canta lluvia, en la costa aún sin mar!
(Cesar Vallejo - Poema LXXVII - Trilce)


¡Que temon! Aunque Soda no es mi banda favorita… este tema sabe meterse siempre delante de mí… es una señal… ella no lo sabe, pero desde ahora este tema se quedara grabado por siempre en este desandar de la carretera a Cádiz… marcara con sus notas lo vivido hasta ahora… cuando regresé a Boston se lo mando en seguida… aunque ella no sepa lo que representa en este momento, se lo explicare luego… quiero que me siga contando sus cosas… no quiero girar el tema de conversación… no me abandones… trátame suavemente…

10.4.08

Libre Mercado: Ficción Total

La catástrofe del mercado de bienes raíces


Desde hace tiempo estuve buscando un artículo en español que explique más o menos bien lo que ocurre en los Estados Unidos con la crisis hipotecaría. Este no es un blog de economía, ¡ni lo será nunca! Pero creo que los tiempos que se avecinan no van a ser nada sencillos. De cierto modo, el Señor Bush, esta cumpliendo su más grande objetivo, destruir a su propio país. No lo culpo solo a él, sino a toda una mentalidad errada de consumo exacerbado y nomeimportismo universalizado. No se puede mantener a un país peleando dos guerras, y al mismo tiempo pedirle a la gente que siga gastando como loca, y suspendiendo algunos impuestos. Es simplemente irracional. Cualquier historiador lo diría, y finalmente muchos economistas lo están aceptando.

Los años neoliberales están dando sus frutos, el mundo se va al carajo. Y no es ser exagerado. Hay muchísimos ejemplos. La extrema apertura de mercados, tuvo entre sus síntomas a la fiebre hipotecaría que se apodero de los Estados Unidos por los últimos años, pero como todo castillo construido sobre naipes, al caer las bases toda la estructura se esta cayendo al suelo. Pero mantengamos la esperanza, los ricos seguirán siendo ricos, y los pobres ‘sólo’ perderán sus casas.

Es increíble por ejemplo que un banco, que especulo con los precios de las casas y de las hipotecas, sea salvado por el gobierno federal, mientras que la gente que se compro las casas tenga que perderlas. He oído de casos en los que la gente, al hallarse totalmente imposibilitada de pagar la hipoteca, simplemente agarra sus cosas y se va, por ultimo, la casa sería del banco de todos modos. ¿y cual es su solución? Mandarte seiscientos dólares con las devoluciones impositivas, para estimular el consumo. Es decir, encima de que la economía la mandan por el suelo, te dan seiscientos míseros dólares para que compres cosas que sólo hacen ricos a los que no perdieron mucho, es decir… no es lo mismo que le quites diez mil dólares a perico de los palotes que gana ochenta mil al año, a que se lo quites a Bill Gates, ¿o si?

Desde mi punto de vista, el cinismo llega al extremo. Lo único que el neoliberalismo a hecho, es incrementar la injusticia y la desigualdad, y recién con esta crisis se verán los verdaderos efectos de la globalización económica y la extrema liberalización. La desigualdad ha cobrado un matiz muy grande en los Estados Unidos, como nunca antes, el uno por ciento más rico de la población tiene más dinero que el noventa y cinco por ciento de la base. Sólo campeones de la desigualdad como Brasil, México y Bolivia pueden darse el lujo de tener más desigualdad. Pero esto es algo que nunca se menciona en los Estados Unidos, ninguno de los candidatos Obama, Clinton o McCain lo ha siquiera mencionado, y de los Miedos de Incomunicación, pues no hay nada que decir…

¿Qué significa todo esto para América Latina? Pues sólo una cosa, ya no podemos mirar al norte, ni tampoco a Europa. Hay que mirar al Asia, que es donde está el crecimiento, donde está el futuro, y que es por donde está saliendo el sol. La China va a seguir creciendo, lo mismo que la India. Los Estados Unidos a menos que entre una presidenta, seguirá nomás rodando cuesta abajo, golpeándose en todas partes, todo gracias a Bush, la guerra contra ‘el terrorismo,’ y las ideas de Milton Friedman, que vivía en el abstracto y maravilloso mundo de los mercados perfectos, quimeras teóricas irreales que lo explican todo, pero que simplemente no existen. Por eso estamos como estamos… Bolivia se verá afectada por la crisis mundial… esperemos que no mucho.

Los dejo con un artículo de Naief Yehya, que leí en Letras Libres. El mismo ofrece un bosquejo de la crisis actual y aclara cosas sobre las hipotecas subprime y demás tucuymas… si te preguntaste alguna vez en que consistirá la dichosa crisis que estamos viviendo, te recomiendo este artículo, los economistas se empeñan en usar términos técnicos… para que la gente crea que es difícil, y no pregunte… cuando en realidad las cosas son bastante sencillas, creo que el autor de este artículo hizo eso, ponerlo sencillo.


El escándalo de las hipotecas subprime

Hasta el verano de 2007 el mercado de bienes raíces en Estados Unidos parecía un prodigioso acorazado que navegaba con estabilidad las aguas turbulentas de los mercados financieros. La fiebre de la construcción afectaba a prácticamente todas las ciudades de la Unión y los agentes inmobiliarios no se daban abasto para atender a los compradores potenciales.

Todo mundo quería ser parte de este milagro económico y en un sorprendente cambio de mentalidad ciertos bancos e instituciones decidieron que estaban tan interesados en abrir las puertas de este mercado que incluso podían hacer a un lado los viejos criterios y las exigencias mínimas para considerar préstamos. De tal manera comenzaron a ofrecer hipotecas a miles de consumidores con créditos menos que impecables. Esto dio lugar a una epidemia de préstamos e hipotecas denominados subprime, es decir, enfocados a clientes de alto riesgo, con bajos ingresos o historiales de crédito poco alentadores. Entre 1996 y 2006 las hipotecas subprime pasaron de ser nueve por ciento del total a más de veinte por ciento. Numerosos prestamistas empezaron a competir dando condiciones atractivas a un público de bajos recursos. Se ofrecían inicialmente tasas de interés muy pequeñas que supuestamente podrían ser renegociadas cuando subieran a sus niveles flotantes normales, así como términos de pago de “sólo interés” que mantenían las mensualidades muy bajas.

Así, miles de personas adquirieron casas que en su gran mayoría no podían pagar. Como suele suceder en un mercado en ebullición, súbitamente la oferta era demasiada para el mercado y los precios de las propiedades comenzaron a bajar. Esto propició que dejara de ser rentable para los bancos renegociar las tasas de interés. Los propietarios que ya padecían de mensualidades altas de sus propiedades descubrieron que estas se depreciaban vertiginosamente. Entones la recomendación lógica para muchos de estos era: perder la propiedad es más rentable que seguirla pagando a una tasa alta de interés.

Para octubre de 2007 los problemas ya eran inocultables y dieciséis por ciento de estos préstamos tenían retrasos de hasta noventa días o ya se encontraban en procedimientos jurídicos de embargo. Cuando esto se escribe ese porcentaje se encuentra cerca de veinticinco.

Ahora bien, esto es una catástrofe personal para quienes invirtieron sus ahorros en casas que no pudieron pagar, pero la crisis de las hipotecas subprime es mucho más compleja y tiene consecuencias planetarias debido a que provocaron un efecto dominó. Algunas instituciones de crédito se vieron afectadas de inmediato al no poder cobrar las mensualidades que se les debían, pero muchos prestamistas ya habían transferido los derechos de esas hipotecas a terceras partes en forma de documentos de inversión MBS (Mortgage-Backed Securities) o bonos respaldados por hipotecas. Estos bonos diseminaron el riesgo en los mercados internacionales y al declinar de valor precipitadamente fueron provocando que numerosas empresas y fondos en todo el mundo quebraran.

Las partes involucradas en el proceso de autorizar los préstamos se beneficiaron en grande en el proceso, llegando al extremo de no verificar información para no negarle a nadie la hipoteca. Una vez concedida ellos pasaban el riesgo a grandes corporaciones de Wall Street como Merrill Lynch y Bear Stearns, que recortaban las deudas y las vendían a sus clientes como si se tratara de propiedades valiosas. En el centro del desastre se encuentran unos misteriosos instrumentos financieros llamados CDO (Collateralized Debt Obligations) u obligaciones colateralizadas de deuda. Estos CDO contenían pedazos de préstamos estudiantiles, automotrices, corporativos, deudas de tarjetas de crédito e hipotecas subprime. Las agencias valuadoras, como Standard and Poor’s, Moody’s Co. y Fitch Ratings, dieron a los CDO la valuación AAA. Hoy quienes tienen estos instrumentos no saben cómo deshacerse de ellos. Resulta inquietante que los expertos no encontraran sospechoso que un mecanismo hecho de docenas de deudas diversas, algunas de origen desconocido o cuestionable y casi todas difíciles de rastrear alcanzara una valuación comparable a los bonos del tesoro de Estados Unidos.

Una de las más graves y reveladoras consecuencias de esta debacle ha sido una seria crisis de credibilidad. Una de sus manifestaciones más escandalosas tuvo lugar el 10 de agosto de 2007 cuando por veinticuatro horas bancos europeos y estadounidenses se volvieron tan desconfiados que se negaron a realizar cualquier préstamo interbancario, con lo que obligaron a los bancos centrales a intervenir masivamente. El Banco Central Europeo (ECB) tuvo que inyectar 230,000,000,000 de euros al mercado mientras la Reserva Federal estadounidense hizo algo equivalente. Pero este bombeo de liquidez no resolvió el problema, ya que el 13 de diciembre siguiente esas instituciones, junto con el Banco de Inglaterra, el Banco de Canadá, el Banco Nacional Suizo y el Banco de Japón, tuvieron que volver a inyectar más fondos al mercado interbancario para impedir un colapso mundial.

Los mercados financieros han demostrado ser sorprendentemente robustos, pero la frágil estructura de deudas acumuladas y documentos en proceso de desintegración en que se apoyan parcialmente ponen en peligro su estabilidad. Esta fue otra de las consecuencias de veinte años de desregular mercados siguiendo al pie de la letra los principios chiflados de Milton Friedman y sus Chicago Boys. La crisis de las hipotecas subprime tendrá sin duda consecuencias a largo plazo y millones de dólares de los contribuyentes seguirán siendo desviados al mercado para enmendar los excesos y seguir sosteniendo los experimentos de los especuladores de Wall Street.

8.4.08

Fábula del perdedor perfecto

Aquí les dejo algo que edite de un artículo, bastante más largo, de Julio Villanueva Chang, que leí en Letras Libres. Les recomiendo leerse todo el artículo, y también visitar Letras Libres, que es una revista más que excelente, especialmente ahora que pronto se vienen las Olimpiadas en Beijing (que en castellano seguimos llamando Pekin, aunque en realidad el nombre debería ser Peichin). Me gustan este tipo de relatos… llenos de imágenes y detalles. Al final que nos queda… sino, nadar contra nosotros mismos… y resistir…

Eric Moussambani, un nadador de estilo libre de Guinea Ecuatorial, perdió en las Olimpiadas de Sydney 2000 en una carrera de cien metros en la que nadó sin ningún competidor. Había llegado hasta allí luego de haber ganado una competencia en su país y por uno de esos cupos de caridad que el comité olímpico internacional reserva para deportistas de países pobres. En esa competencia contra sí mismo, el único mérito de Moussambani fue no ahogarse hasta llegar a la meta. En su país no había más que dos piscinas, y nunca había nadado cien metros continuos. En Sydney su marca fue de un minuto con 52 segundos, el peor registro de natación en la historia de las olimpiadas, treinta segundos más que la marca de Arnold Guttmann para la misma distancia en las Olimpiadas de Atenas, pero las del siglo XIX. De inmediato tuvo un club de fans por internet, modeló enterizos de piel de tiburón diseñados para nadadores más veloces y en una subasta alguien pagó más de 2,500 dólares por sus gafas acuáticas. Luego se mudó a España, donde se consiguió un entrenador y logró rebajar a un minuto su marca en los cien metros libres. Cuatro años más tarde, Moussambani no pudo ir a las Olimpiadas de Atenas porque las autoridades de su país habían extraviado la fotografía de su pasaporte y no lo inscribieron a tiempo. “Ha sido lo peor que me ha pasado en estos años. Me han dejado tirado. Siento que me han engañado”, declaró. Ambicioso en la derrota, ha amenazado con estar en las próximas Olimpiadas de Pekín.

Cuando Eric Moussambani aterrizó en Australia en el año 2000, fue a contemplar la piscina en la que iba a competir. Hasta llegar a las olimpiadas, nunca había visto una pileta de cincuenta metros como el Aquatic Centre de Sydney. Tenía veintidós años y era la primera vez que salía de su país. “No puedo”, le suplicó a su entrenador al ver la distancia entre el principio y el fin. La leyenda decía que apenas había aprendido a nadar meses antes en las aguas de un río infestado de cocodrilos, que de lunes a viernes se entrenaba en una piscina de veinte metros de un lujoso hotel de la capital del país africano y que los fines de semana le quedaba el río donde se jugaba la vida. Pero en Sydney la suerte iba a estar de su lado. Según un sorteo, en las eliminatorias Eric Moussambani debía competir contra Farkhod Oripov, de Tayikistán, y Karim Bare, de Nigeria, quienes habían llegado a las olimpiadas por el mismo cupo de caridad. Sus pobres tiempos de competencia les auguraban a los tres el destino de ser sólo turistas en Sydney. Estaban muy nerviosos. A Bare y Oripov les tocaban las calles tres y cuatro de la piscina olímpica por el registro de sus marcas. A Moussambani le correspondía la calle cinco: su tiempo era el peor de todos. Bare, Oripov y Moussambani subieron a la plataforma de partida y los dos primeros se lanzaron dos veces en falso, quién sabe si para evitarse la vergüenza de un mayor fracaso. Al ser descalificados por la doble falta –en eso consistía su victoria–, Moussambani se quedó solo ante la piscina (y los más de quince mil espectadores). El reglamento le exigía nadar contra sí mismo.

En Sydney 2000, cuando Moussambani nadaba por allí, Marion Jones se convirtió en la corredora más veloz del universo. Se fue de Australia con tres medallas de oro. Al día siguiente de una de sus competencias, el diario El País publicó una fotografía que la exhibía en el instante en que estaba a punto de atravesar la meta. En la foto, erguida en su potencia y velocidad, había más de un metro de distancia entre Jones y sus perseguidoras. Eso, entre los atletas de alta competición y distancias cortas, es un abismo. Debajo de esa imagen de inalcanzable, El País tituló: “Jones hace de los 200 metros un trámite.” Y en la línea siguiente, remató: “Gana con tanta autoridad que le ha restado emoción a las carreras.” Hace unos días, siete años después de aquella fotografía victoriosa, El País publicó otra en la que Jones aparecía llorosa a la salida de un juzgado. Debajo de ella, tituló: “Marion Jones, seis meses de cárcel.” La atleta ganaba sus carreras no sólo debido a sus genes, técnica y entrenamiento sino, sobre todo, porque consumía anabolizantes. Tras años de negarlo, y con un récord de dos ex esposos atletas descalificados también por actos de dopaje –el segundo de ellos Tim Montgomery, el hombre más veloz del mundo–, Jones acabó admitiéndolo a sus familiares y luego ante los jueces. Irá a prisión por mentir a los investigadores sobre su dopaje y por un caso de estafa.

Más que al mundo del deporte amateur, Eric Moussambani pertenece al del azar y la autoayuda. La comedia de Moussambani, exige un amarillismo de pop art y precauciones para no caer en la debilidad por lo freak del circo. A pesar de que es lo que menos desea, sobra compasión para él. Moussambani es la cara del perdedor perfecto. Ha inaugurado un carisma por la derrota: en su ambición de perder una competencia deportiva, confirma que las victorias son de vez en cuando un espectáculo aburrido y previsible, y que las derrotas pueden ser un espectáculo azaroso y fascinante. “El interés por lo incierto es algo que comparten el deportista y el espectador. El deporte es así una organización regulada para convertirse en una escenificación de irregularidades.” Moussambani es de algún modo una celebración del atraso, pero también del esfuerzo y la suerte determinantes en contra de esa ideología de la victoria, tan cara a los laboratorios químicos de alta competencia. ¿Cuál es el encanto de los perdedores? En Del inconveniente de haber nacido, Cioran, ese filósofo que convirtió el pesimismo en una estética y el pensamiento en un irónico lamento, sentenció: “Una sola cosa importa: aprender a ser perdedor.” Perder es fácil, pero perder como Moussambani no. Las pruebas abundan por todas partes, invisibles por su normalidad y ultrafrecuencia.

Eric Moussambani se lanzó a la piscina como pez fuera del agua y, a pesar de todo, fue un intruso ovacionado desde su partida. En Youtube hay un video de la carrera, el más visto de todos, en que unos comentaristas de la televisión francesa se burlan a carcajadas de su estilo mientras lo ven avanzar a duras penas los primeros cincuenta metros. A su regreso, en su ruta para completar los cien, la cámara acuática lo exhibe en sus braceos, a veces en forma circular como nadan los perros, y con una desesperación por conservar su cabeza afuera. Después de haberle dedicado una que otra silbatina, el público se levantó para aplaudir de pie su voluntad de llegar a la meta. No era la voluntad de un atleta olímpico sino la de un sobreviviente. Más que un nadador, Moussambani parecía un náufrago. Esa ovación fue un reconocimiento al esfuerzo de un espontáneo que había nadado casi sin saber hacerlo, los aplausos que se regalan a un niño en una tina intentando mantenerse a flote a pesar de su torpeza submarina. “Ha sido muy duro, pero lo he conseguido gracias al increíble apoyo del público, al que envío besos”, declaró al final de su exhibición como nadador a la deriva.

Cuando abandonó la piscina, Eric Moussambani ya era una estrella pop. Un día después de su hazaña, cambió su anticuado bañador celeste playero por un traje de baño de piel de tiburón. En una guerra casi instantánea entre firmas comerciales que peleaban por patrocinarlo, la marca de ropa deportiva Speedo se lo regaló. “Ahora me siento realmente rápido”, dijo. Luego denunciaría que Speedo lo engañó: le habían prometido, según él, entrenar en Florida pero al final nadie de esa compañía lo buscó. El Daily Mirror de Inglaterra le concedió una medalla de oro en nombre de todos sus lectores. Moussambani se convirtió en un fenómeno oscilante entre la admiración por un sobreviviente y el carisma de un derrotado. Había una fiebre por ofrecerle todo. Conmocionado por la curiosidad y el asedio que había despertado, se le ocurrió crear su propia página web y ponerla en venta a un precio de cincuenta millones de dólares más la construcción de una piscina olímpica en Malabo, la capital de Guinea. Nadie le hizo caso, al parecer. En una entrevista, Eric Moussambani dijo haber sido humillado en un programa de la televisión alemana, donde lo pusieron a competir con una anciana ex campeona de natación que iba camino a los noventa años. Su historia siguiente era previsible. Si no fue un ganador en la natación ni en el resto de su vida, al menos hizo ganar a otros con su historia. “¿Hay algo menos profesional que un nadador que no sabe nadar?”, se preguntaba Eloy Serrano en “Estilo libre”, un cuento que narra la triste hazaña de Moussambani y que ganó el premio Idioma y Deporte. “Si llego a ser bueno, la gente no se fijará en mí”, dijo antes de prepararse para las Olimpiadas de Atenas. Y nunca fue.


Una imagen vale más que mil palabras.

Las marchas por la Autonomía en Santa Cruz son legítimas, y la cruceñidad tiene todo el derecho a la autonomía, en efecto… creo que todos los departamentos del país, deberían ser autónomos. Esto no significa que los estatutos autonómicos sean legales, y estén regidos por la Constitución Política del Estado, no por la nueva, no por la vigente.

Sin embargo mantengo mi posición, creo que los proyectos de autonomía (como estan siendo presentados por los civicos y otros...) son en extremo elitistas y solo beneficiaran a pequeños grupos de poder dentro del departamento de Santa Cruz, mientras la gran mayoría de la gente seguirá viviendo en la pobreza. Santa Cruz es sin duda la ciudad más rica de Bolivia, pero no por eso no tiene pobres, igual nomás como en todo lado corrupción a un lado y al otro… mientras el resto de la gente, tiene que migrar… un ejemplo claro de ello, es que Santa Cruz recibe más remesas del extranjero que ningún otro departamento, prueba de que se disputa el numero más grande de emigrantes con Cochabamba.


Algunos me acusan de ser anti-camba, o de desvirtuar cualquier posición cruceña simplemente por ser cruceña. Pero creo que jamás en ningún post o comentario, he dicho algo que pueda secundar tal idea. Yo a los cruceños los quiero mucho, y tengo muchos amigos cambas con los que puedo hablar de cualquier tema. Pero bueno… si lo he hecho, mis disculpas.


El Facebook es una de esas herramientas maravillosas que te permite entrar en contacto con todo lo que ocurre en Bolivia… quiero compartir una foto… que encontré ahí, que sé, no representa a Santa Cruz, ni a los cruceños en su totalidad, pero que no debe ser ni ocultada, ni negada… sino más bien debe ser criticada. Este tipo de gente y sus ‘ideas’ (si es que pueden llamarse ideas), no debería de ser permitida dentro de un MOVIMIENTO (dizque) DEMOCRÁTICO, este tipo de gente no debería marchar de la mano de los cruceños, pero lastimosamente… este tipo de gente trabaja para los de la Union Juvenil Cruceñista, y por tanto para los lideres cívicos… no hace falta mucho criterio para darse cuenta de ello… recordemos el post de Maria Escandalo, donde se denunciaba el Nazi-Jeep de los de la UJC….



En fin… me quedo sin muchos comentarios… cada quien cree la mentira que más le convenga. Por cierto la foto fue sacada por Le PenPoe.

Adjunto un video que muestra la violencia en las calles de Santa Cruz... que muchos recordaran... ocurrió en Diciembre... durante la huelga de hambre "pacifica" , en fin ... eso es harina de otro costal... o no?



6.4.08

Felipe Müller - Los Detectives Salvajes

Termine de leer hace poco Los Detectives Salvajes, de Roberto Bolaño. Una obra que simplemente no puedo describir, o clasificar, es totalmente maravillosa… pocas obras me han dejado con tanto, y creo sin lugar a dudas que Roberto estará por siempre entre las lumbreras de nuestro maravilloso continente. Los dejo con un retazo. Iré colgando más cosas, y mi análisis de la obra más adelante. El Forastero tiene un post también interesante al respecto, se los recomiendo.


Felipe Müller, sentado en un banco de la plaza Martorell, Barcelona, octubre de 1991.


Estoy casi seguro que esta historia me la contó Arturo Belano porque él era el único de entre nosotros que leía con gusto libros de ciencia ficción. Es, según me dijo, un cuento de Theodore Sturgeon, aunque puede que sea de otro autor o tal vez del mismo Arturo, para mí el nombre de Theodore Sturgeon no significa nada.

La historia, una historia de amor, trata sobre una muchacha inmensamente rica y muy inteligente que un buen día se enamora de su jardinero o del hijo de su jardinero o de un joven vagabundo que por azar va a dar con sus huesos a alguna de sus propiedades y se convierte en su jardinero. La muchacha, que además de rica e inteligente es voluntariosa y algo caprichosa, a la primera oportunidad que tiene se lleva al muchacho a la cama y sin saber muy bien cómo ha sido, se enamora locamente de él. El vagabundo, que no es ni de lejos tan inteligente como ella y que carece de estudios, pero que en compensación tiene una pureza angelical, también se enamora de ella, no sin que surjan, como es natural, algunas complicaciones. En la primera fase del romance viven en la lujosa mansión de ella, en donde ambos se dedican a mirar libros de arte, a comer manjares exquisitos, a ver viejas películas y mayormente a hacer el amor durante todo el día. Después residen durante un tiempo en la casa del jardinero de la mansión y después en un barco (puede que en uno de los pontones que navegan por los ríos de Francia, como en la película de Jean Vigo) y después vagan ambos por la vasta geografía de los Estados Unidos montados en sendas Harleys, que era uno de los sueños postergados del vagabundo.

Los negocios de la muchacha, mientras ésta vive su amor, siguen multiplicándose y como el dinero llama al dinero cada día que pasa su fortuna es mayor. Por supuesto, el vagabundo, que no se entera de gran cosa, tiene la suficiente decencia como para convencerla de que dedique parte de su fortuna en obras sociales o de beneficencia (cosa que por otra parte la muchacha siempre ha hecho, por medio de abogados y una red de fundaciones variopintas, pero no se lo dice para que así él crea que lo por iniciativa suya) y luego se olvida de todo, porque en el fondo el vagabundo apenas tiene una idea aproximada del volumen de dinero que se mueve como una sombra tras su amada. En fin, durante un tiempo, meses, tal vez un año o dos, la muchacha millonaria y su amante son indeciblemente felices. Pero un día (o un atardecer), el vagabundo cae enfermo y aunque vienen a verlo los mejores médicos del mundo, nada se puede hacer, su organismo está resentido por una infancia desdichada, una adolescencia llena de privaciones, una vida agitada que el poco tiempo pasado en compañía de la muchacha apenas ha conseguido paliar o endulzar. Pese a los esfuerzos de la ciencia un cáncer terminal acaba con su vida.

Durante unos días la muchacha parece enloquecer. Viaja por todo el planeta, tiene amantes, se sumerge en historias negras. Pero acaba volviendo a casa y al poco tiempo, cuando parece más consumida que nunca, decide emprender un proyecto que de alguna manera ya había empezado a germinar en su mente poco antes de la muerte del vagabundo. Un equipo de científicos se instala en su mansión. En un tiempo récord ésta se transforma doblemente, en la parte interior en un laboratorio avanzado y en la exterior —jardines y casa del jardinero— en una réplica del Edén. Para protegerse de la mirada de los extraños un muro altísimo se levanta alrededor de la propiedad. Entonces empiezan los trabajos. Al poco tiempo los científicos implantan en el óvulo de una puta, que será generosamente retribuida, un clon del vagabundo. Nueve meses después la puta tiene un niño, lo entrega a la muchacha y desaparece.

Durante cinco años la muchacha y un ejército de especialistas cuidan al niño. Pasado este tiempo los científicos implantan en el óvulo de la muchacha un clon de ella misma. Nueve meses después la muchacha tiene una niña. El laboratorio de la mansión se desmonta, los científicos desaparecen y en su lugar llegan los educadores, los artistas-tutores que vigilarán desde una cierta distancia el crecimiento de ambos niños según un plan previamente trazado por la muchacha. Cuando todo está en marcha ésta desaparece y vuelve a viajar, vuelve a las fiestas de la alta sociedad, se mete de cabeza en aventuras riesgosas, tiene amantes, su nombre brilla como el de una estrella. Pero cada cierto tiempo y rodeada del mayor secreto, regresa a su mansión y observa, sin que éstos la vean, el crecimiento de los niños. El clon del vagabundo es una réplica exacta de aquél, la misma pureza, la misma inocencia de la que ella se enamoró. Sólo que ahora tiene todas sus necesidades cubiertas y su infancia es un plácido discurrir de juegos y maestros que lo instruyen en todo lo necesario. El clon de la niña es una réplica exacta de ella misma y los educadores repiten una y otra vez los mismos aciertos y errores, los mismos gestos del pasado.

La muchacha, por supuesto, raras veces se deja ver por los niños, aunque ocasionalmente el clon del vagabundo, que nunca se cansa de jugar y que posee un carácter temerario, la divisa tras los visillos de los pisos más altos de la mansión y echa a correr buscándola, siempre en vano.

Pasan los años y los niños crecen, cada día más inseparables. Un día la millonaria enferma, de lo que sea, un virus mortal, un cáncer, y tras una resistencia puramente formal, claudica y se prepara para morir. Aún es joven, tiene cuarentaidós años. Sus únicos herederos son los dos clones y deja todo preparado para que éstos accedan a una parte de su inmensa fortuna en el momento en que contraigan matrimonio. Después muere y sus abogados y científicos la lloran amargamente.

El cuento termina con una reunión de sus empleados, tras la lectura del testamento. Algunos, los más inocentes, los más ajenos al círculo interno de la millonaria, se plantean las preguntas que Sturgeon supone se pueden plantear sus lectores. ¿Y si los clones no aceptan casarse? ¿Y si el muchacho o la muchacha se quieren, como parece inobjetable, pero este amor nunca cruza la frontera de lo estrictamente filial? ¿Se les ha de arruinar la vida? ¿Se les ha de obligar a convivir como dos condenados a cadena perpetua?

Surgen discusiones y debates. Se plantean aspectos morales, éticos. El abogado y el científico más viejos, no obstante, pronto se encargan de despejar las dudas. Si los muchachos no se avienen a casarse, si no se enamoran, se les dará el dinero que les corresponda y serán libres de hacer lo que deseen. Independientemente de cómo se desarrolle la relación de los muchachos, los científicos implantarán en el cuerpo de una donante, en el plazo de un año, un nuevo clon del vagabundo y, cinco años después, repetirán la operación con un nuevo clon de la millonaria. Y cuando estos nuevos clones tengan veintitrés y dieciocho años, cualquiera que fuese su relación interpersonal, es decir, se quieran como hermanos o como amantes, los científicos o los sucesores de los científicos volverán a implantar otros dos clones, y así hasta el fin de los tiempos o hasta que la inmensa fortuna de la millonaria se agote.

En este punto acaba el cuento. Sobre el crepúsculo se dibuja el rostro de la millonaria y el vagabundo y luego las estrellas y luego el infinito. Un poquito siniestro, ¿no? Un poquito sublime y un poquito siniestro. Como en todo amor loco, ¿no? Si al infinito uno añade más infinito, el resultado es infinito. Si uno junta lo sublime con lo siniestro, el resultado es siniestro. ¿No?

5.4.08

Premio Al Esfuerzo Femenino

Mi bloguera favorita, Lilyth, me entrego un premio al Esfuerzo Femenino. Realmente lo valoro mucho, principalmente porque no soy mujer. Pero si soy un feminista declarado, y creo que las mujeres tomaran el siglo 21 por la rienda, y cambiaran por siempre a la humanidad. Este pensamiento es utópico, lo sé, es parte de ser mí, pero en serio creo en eso, espero que todas las que me lean lo tengan muy claro, y salgan todos los días de sus casas con ese objetivo, el cambiar al mundo ridículo de machitos que habitamos.


En realidad entrego el premio a todas las mujeres, simplemente porque son lo mejor que hay en el mundo.

Pero para continuar con la cadena… le entrego el premio a cinco mujeres que creo que se lo merecen, y mucho.

La Cholita, es amiga y compañera de utopías, caminamos por los mismos senderos, y venimos de la misma ciudad. Desde que llego a la blogósfera tuvo un éxito acelerado, es ahora un referente de la opinión bloguiviana. Se lo merece, por que en el medio Boliviano, es muy difícil para las mujeres ser escuchadas, (porque opiniones tienen, y muy fuertes), y creo que a ella si la escuchan.

Maria Escandalo, porque es muy valiente para compartir su sexualidad, en un país por demás conservador, y en una ciudad en extremo machista y patriarcojerarquizada, a ella mis felicitaciones y sincera admiración! Espero que sigamos compartiendo en la red y por otros medios, nuestros proyectos e ideas.

La Vero Vero, por su nivel de profesionalismo, su integridad y consecuencia, y por la profundidad de su idealismo y responsabilidad. Por las noches de vino jamás compartidas, pero ciertamente recordadas, y por todos los poemas ideas y batallas ideológicas que hemos tenido entre nosotros, y contra ‘otros.’

Lingam, porque me encantan sus letras, y me parece que su blog es uno de los blogs literarios mejores elaborados, y espero que sus letras nos sigan inundando. Aunque nunca le dejo mensajes comentarios, la leo, y la disfruto.

Columba, a pesar de nuestras diferencias ideologicas, me encanta su blog y todo lo que dice, creo que como mujer hace un gran esfuerzo, y nos presenta sus analisis y perspectivas de lo politico. A diferencia de los hombres que no comparten mis ideas, ella sabe lo que es el respeto, y no pretende minimizar lo que digo, o en ultimo caso insultarme, y eso es más que admirable.


¡¡A todas ellas y a todas las mujeres muchas gracias!!